21 feb. 2015

Cuando la necesidad obliga


"Abandonar el mundo rural, para cambiar de oficio, 
significa volver a partir de cero"


           Habían transcurrido un par de semanas, desde que llegó a la capital catalana, y se fue a visitar a la persona que le recomendaran para tratar sobre la posibilidad de obtener un puesto de trabajo fijo. Tras el saludo y la presentación le dieron a cumplimentar un detallado formulario y pasar el preceptivo reconocimiento médico que eran requisitos exigidos para optar al empleo que, en principio, se le ofrecía  y que no era otro que el de cobrador de tranvías. A los recién incorporados a ese puesto de trabajo, se les asignaba un  instructor, para enseñarles cómo tenían que presentar la liquidación cada final de jornada. Y a él le tocó con un señor de poco más edad que la suya, también emigrante, a quién poco tiempo antes le habían entregado un piso a través de la "obra sindical". Este señor le comentaba las dificultades que tuvo para encontrar aquella pequeña vivienda y en casi nada se diferenciaban de las que estaba teniendo él para conseguir lo mismo.




     
 -    Si ves que te gusta la vida de ciudad -le dijo el instructor- y decides quedarte, tendrás que buscarte una habitación con derecho a cocina y traerte a tu esposa y al niño que tenéis. Nuestro piso es pequeño -añadió- pero si os sirve una habitación que no ocuparemos hasta que nuestros hijos sean un poco mayores, se prepara y ya nos arreglaremos . . . .

         -     No sabe cuánto se lo agradezco -respondió el joven- pero dejemos pasar un poco tiempo a ver si encontramos algo mientras tanto. Y en caso de encontrar vivienda, si hay que esperar a que nos la entreguen, vendríamos a vivir a su casa. Gracias otra vez.

       Pasados unos meses decidieron ir a vivir con ellos previo pago de un alquiler amistosamente acordado. De esa forma pudieron esperar un par de años para la recogida de llaves de un piso, contratado sobre plano, de los que se estaban construyendo en la misma urbanización.
        
        En verano de ese mismo año, un gran Banco convoca cien plazas para cobradores y ordenanzas indistintamente y éste, con afán de mejorar laboralmente, sin pensarlo dos veces se presentó. Y aunque no lo hizo con mucha confianza, esa es la verdad, pocos días después del examen recibió la notificación a domicilio.

        -    Tienes una carta certificada del Banco -le dijo su esposa nada más verle entrar por la puerta- ábrela a ver qué te dicen.

        -    Me dicen que he aprobado -respondió éste algo nervioso- pero que tengo que esperar un segundo turno de ingresos, ya que ahora solo cubren las cien plazas anunciadas y yo he sacado un número ligeramente más alto.

        Pero como pasaba el tiempo y el Banco no le llamaba, con el cargo que ya tenía en la empresa (lo habían ascendido a oficial administrativo) y ser la jornada con horario intensivo, podía permitirse ejercer el pluriempleo y complementar el sueldo con unos dineros extras. Lo que significaba obtener unos ingresos superiores a lo que cobraría en el Banco, por lo que tuvo que renunciar. Y es que con lo que ya ganaba, además del mantenimiento del hogar familiar, hacer frente a los estudios de sus hijos (tenían dos) lograron un piso en propiedad en uno de los barrios de sus preferencias y reunir unos ahorros para la vejez. Con lo cual, jubilado por edad, ahora hace cosas que nunca pudo hacer por estar tanto tiempo trabajando fuera de casa.

        -    Ya hace tiempo que no le veía -le dijo un vecino del mismo barrio- será porque sale poco a la calle?

        -    Hombre, mucho no salgo -le respondió-  es que como me encuentro bien de salud aunque me haya jubilado en la Compañía sigo dedicando unas horas en trabajos que ya conozco. El resto lo aprovecho para estar con mis nietos, salir con ellos a pasear, llevarlos o traerlos del colegio y poco más. En lo de "poco más" -añadió con doble intención- entran los recados como; comprar el pan, ir a la farmacia, a la tiendo de ultramarinos, etc. Quizás que ahora haga todo eso porque los médico aconsejan que, mientras podamos, no dejemos de hacerlo
          
         Y como ambos sabían que jubilados tendrían mas tiempo para verse, satisfechos del encuentro, se despidieron con un amistoso hasta luego. Y se siguieron viendo y recordando el pasado.

         ¡Anda leñe! Si la historia de ese joven es casi igual que la mía.
CATEGORÍAS: