17 ene. 2014

NUNCA SE HIZO TANTO EN TAN POCO TIEMPO

(Mirando hacia atrás, para conocer la rusticidad de nuestros orígenes no hay que irse demasiado lejos)


Los cuatro o seis jubilados que nos juntamos en el paseo matinal, recomendado a nuestra edad, tras cubrir una primera parte del paseo nos sentamos a tomar cafe en el chiringuito que hay dentro del recinto del parque y hablamos de nuestras cosas. Hoy la tertulia la hemos centrado en lo mucho que ha mejorado la calidad de vida de las personas, tanto en el ámbito rural como en la población urbana, en poco mas de medio siglo.  Mejora que gracias a la alta tecnología y al desarrollo observado en ese mismo tiempo, hace que ahora se disfrute de una comodidad a niveles impresionantes.  Es decir, que con el último medio siglo XX y los primeros años del XXI ha bastado para que hoy dispongamos de lo que jamas pudimos ni soñar.

-        Imagino que sabéis -nos dice uno del grupo- que este año en España se ha batido el récord respecto del número de turistas que nos han visitado?.

-         Sí, eso es lo que se comenta -responde otro-. Y no es extraño, porque nosotros hemos pasado unos días en Blanes que es donde vamos de vacaciones los veranos y no solo las playas estaban llenas de gente todos los días, si no que para comer o cenar en cualquier restaurante había que encargar mesa con antelación.

-          Igual pasa en Salou, que hemos estado nosotros -añade un tercero-.  Pero es que las playas españolas tienen tanto atractivo, que todos los años falta sitio para acoger a tantos turistas como nos visitan.  Además, como hay tantas familias que viven del turismo, muchas de ellas se han hecho de su apartamento en la playa y residen en él todo el año.

Como el movimiento turístico significa tanto para nuestra economía y promociona la "marca España" por el resto del mundo, hemos añadido a nuestro comentario el crecimiento que se detecta acerca de las "Casas Rurales", muchas de ellas convertidas en espléndidos complejos dotados de todo tipo de servicios para el descanso. Con lo cual se está posibilitando la rehabilitación de algunos pueblos pequeños, prácticamente deshabitados, donde la vegetación y la naturaleza en general no solo es un bien muy saludable, si no que es la base de un decorado todavía sin contaminar.

-          ¿Qué ha pasado con tu hermano y su familia, que vemos a otra gente en el apartamento que tienen en la playa? -pregunta uno a otro de los del grupo-.

-          Nada, no ha pasado nada. Es que su hija, la casada, como su marido es biólogo  (creo que botánico) y un apasionado de los bosques, se han comprado una casa abandonada en la provincia de Huesca y se la están arreglando para irse a vivir a ella en cuanto la tengan lista para habitarla. Y como ellos dos trabajan, mientras duren las obras, es mi hermano quién acompaña a los albañiles. Así que el apartamento de la playa, como ellos no pueden ir este año, lo han alquilado para estos meses de verano. Eso es todo.

En la España rural, aquella que con el fenómeno de emigración de los años cincuenta y sesenta se quedar medio deshabitada, algunos Ayuntamientos, cabecera de Comarca, se resisten a dejar huérfanos a esos pequeños municipios del interior y facilitan terreno gratis incluso ayudas a familias jóvenes que les guste el campo y estén dispuestas a trabajar la agricultura o la ganadera. Y hasta es probable que el atractivo que se pretendiese dar al interior del país con los conocidos "paradores nacionales", ahora se multiplique con la reconversión de aldeas deshabitadas y caseríos abandonados en lugares de descanso,  de cara al interés que está despertando el "Turismo Rural".

Por tanto, para los que emigramos en os años cincuenta y sesenta por dudar del futuro mas inmediato en nuestro lugar de origen,  para nosotros -insisto- resulta cuando menos satisfactorio ver que la modernidad vuelve a dar vida a un mundo que ha estado a punto de ser ignorado.

De ahí que a cada uno de nosotros nos emocione aquellas viejas costumbres que al paso del tiempo han ido quedando por el camino. Estilos de vida que ahora, tan inteligentemente, se están actualizando. Y como todos los del grupo compartimos el mismo sentimiento de sana añoranza por lo que  dejamos en nuestro lugar de origen, nos despedimos hasta otro día profundamente reconfortados.


















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5 ene. 2014

CULTO A SAN ANTÓN

(El mercadillo de frutos secos; nueces, avellanas, castañas pilongas, bellotas de los pedroches, etc. 
junto a las hogueras de la noche anterior, destacaban como principal atractivo de la fiesta)



El 17 de enero, Día de San Antón, en Tomelloso -en otros pueblos no lo se- era uno de los festivos mas celebrados del calendario. Los gañanes y los viñeros que por evitar desplazamientos pernoctábamos en la quintería, regresábamos al pueblo el día 16 sobre el mediodía cargados los carros con cualquier tipo de leña, ya que la fiesta comenzaba a las ocho de esa misma tarde con el encendido de las hogueras y los disparos de salvas  de escopeta con los cartuchos cargados col pólvora y arena para no hacer daño a nadie. Se disparaba mirando al cielo y rogando al Santo en voz baja que velara por las caballerías. A muchos nos hubiese gustado dirigirle un cántico rogatorio a modo del que dedican los pamplonicas en los encierros a San Fermín. Seguro que a ello se hubiesen sumado los pastores, pidiendo por sus rebaños, y los cazadores por sus perros. Pues no en balde es el Santo Patrón de toda clase de animales.

Las "Hogueras de San Antón", igualmente se hacía con las de San Juan, se solían ubicar en el centro de la confluencia o cruces de calles, por ser espacios mas amplios que los que hay entre las dos aceras de cualquier calle normal, con el fin de evitar que las llamas pudiesen ocasionar accidentes. Y si mal no recuerdo, si no la mayor sí de las mas grandes y concurridas era la hoguera que se encendía frente a la Capilla del Santo en la Cruz Verde. De las mas grandes, por la cantidad de leña que aportaban los vecinos del barrio, muchos de ellos declarados devotos de San Antón, y concurrida por estar ubicada en el centro neurálgico de tan singular festejo.

Mis abuelos paternos vivían en la calle de doña Crisanta (tal vez habrá aun quien le siga llamando de la Cruz Verde o de San Antón) y junto a las aceras de ambos lados de la calle se extendían en el suelo; mantas, valeos de esparto  y lonas, con montones de diversos frutos secos para su venta a granel. También se colocaban filas de mesas en las que se vendían diversos productos autóctonos tales como; pan de higo y mostillo en cajitas de madera, botellas de arrope y tarros de miel de romero, de distintos tamaños, etc.

Se cuenta que mi abuela Dolores, que murió siendo yo muy pequeño y apenas me acuerdo de cómo era, ese Día Santo -se decía- acostumbraba a ponerse a la puerta de su casa con varios capachos llenos de pan blanco de tahona (tal vez en cumplimiento de alguna promesa) para repartirlo entre los mas pobres, sin hacer excepciones. Otras familias de las llamadas "acomodadas, como eran mis abuelos, repartirían gavillas de sarmientos y cepas o tarugos incluso paja de centeno, con el fin de aliviarles del frío del invierno a familias de esas que carecen de todo tipo de recursos. Es decir, que la fiesta patronal, además de rendir culto a San Antón, estaba presidida por el hacer caritativo, misericordioso y sobre todo solidario de los tomelloseros.

Recuerdo, también, aquellas divertidas carreras de jinetes sobre caballerías distintas; mulos, burros, algún caballo, cuya meta final la situaban en la plaza de España, donde se colocaba una tarima de madera y sobre la que se entregaba el premio a los ganadores, al tiempo que el señor cura bendecía a toda la fauna irracional que se acercara por allí, participase o no el alguna de las pruebas.

-          Queeeé. . . ¿quién ha ganado? -preguntaba la gente a un personaje pintoresco muy popular, quién montado sobre su propio caballo era de los primeros en llegar-.

-           ¡Los muchachos lo dirán! -solía responder éste, convencido de que los críos dirían que el ganador había sido él.

Qué tiempos aquellos, cuanta diferencia con los de ahora. Entonces la gente descansaba y hacía amigos paseando por la calle.




















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