15 nov. 2013

MALOS HÁBITOS

(Anotaciones para reflexionar sobre la relación entre tabaquismo y cáncer)




El hecho de ser laringectomizado por cáncer, atribuido al consumo habitual de tabaco, hizo que me interesara en conocer la correlación entre ambos padecimientos, así como los métodos utilizados para la No iniciación a consumirlo, o la deshabituación si se consume.
De ahí que que me sumara al voluntariado de la Asociación Española Contra Cáncer  por si,  entre lo que aprendiese dentro de ella y mi experiencia personal, podía ayudar a quienes lo necesitara, fuese en tareas de rehabilitación a convalecientes o en campañas informativas respecto de la "detección precoz".

De tal manera, que nos pusimos en contacto con Institutos de Enseñanza Secundaria (IES) ofreciéndonos para intentar inculcar nuestros primarios conocimientos  a los escolares, sobre las negativas consecuencias que puede llegar a tener el consumo habitual de tabaco.
Teniendo en cuenta que la incidencia que tiene el consumo, entre la población escolar incluida la universitaria, es tan considerable que requiere tomar medidas juiciosas para atajarlo a tiempo.

He aquí una pequeña muestra de lo que eran los diálogos en nuestras animadas charlas en uno de los citados colegios:

-    Pregunta.-   ¿Es tan malo el tabaco como se dice? - pregunta un alumno del curso 2º C -.

-     Respuesta.-   El tabaco es una planta de la que se extrae la nicotina.  Y según el diccionario de la lengua, nicotina es "alcaloide venenoso".  Como además, en sus diversas elaboraciones, se le añade otras sustancias igualmente  tóxicas, aún lo hacen peor. 

-      P.-     Si todo el mundo sabe que el tabaco es tan malo para la salud, cómo es que hay tanta gente que fuma?.

-       R.-     Porque el fumador, generalmente, suele comenzar a fumar en la adolescencia.  Y como el tabaco, además de la toxicidad, tiene tanto poder de adición,  aunque al probarlo por primera vez tenga un sabor desagradable y produzca náuseas, a pesar de todo se continua fumando.

-        P.-     ¿Tan frágil es la voluntad de las personas, para no ser conscientes de estar consumiendo algo que hace tanto daño?.

-        R.-     El hecho de comenzar a fumar tan jóvenes,  intentando aparentar ser mayores de lo que se es, o creyendo que el cigarro ejerce de complemento mediador en la relación social entre individuos, influye para que sean pocos los que reparen en que pudiera tener tan aciagas consecuencias.

-         P.-     Mi abuelo dice que antes, lo de fumar era solo cosa de hombres. ¿Usted cree que mi abuelo tiene razón? - pregunta una chica del mismo curso 2º C -.

-        R.-     Claro que tu abuelo tiene razón!.  Las personas mayores sabemos que tiempo atrás era el varón quién se significaba como fumador con  licencia.  Ahora, sin embargo, las chicas fumáis tanto como los chicos y a nadie escandaliza, ya que vuestra actitud pasa poco menos que desapercibida.

-         P.-     En nuestra clase, cuando salimos al patio, si algunos fumamos es porque nadie nos dice nada.  ¿Usted cree que no se nos reprocha debido a que algunos profesores fuman?.

-        R.-      Podría ser, sí.  Pero vosotros que estáis en edad de evitarlo, si no fumaseis ninguno, tendríais gran influencia para disuadirles de que no fumen ellos tampoco. Les haríais sentirse incómodos.

-        P.-       ¿Y que podemos hacer quienes ya lo hemos probado, para no caer en la adición como usted dice que cayó cuando era poco mas o menos de nuestra edad?.

-        R.-       Mirar, para responder a esa pregunta solo tengo una respuesta: no fumar.  Y si ya lo habéis probado,  y notáis alguna necesidad de fumar, igual chicas que chicos, deberéis reconocer que estáis siendo víctimas de vuestra propia debilidad, y no olvidéis - insisto - que ahora estáis a tiempo de evitarlo.


Finalmente, todos coincidimos en que conviene No abandonar la lucha contra el cáncer y por extensión contra el "tabaquísmo", a ver si mas pronto que tarde podemos decir que "fumar ha dejado de ser un problema social y de salud".  Con lo cual, el mundo entero lo agradecerá, seguro.










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1 nov. 2013

EL VALOR DE LOS REGALOS



(Los regalos significan tanto o mas para quién los hace 
como para quién los recibe)




Sin ser perseverante (lo reconozco) respecto de regalar oídos a nadie, en cuestión de obsequiar con algún presente aunque sea por corresponder a favores recibidos, o solo por quedar bien con el otro, sí suelo ser desprendido.  Y no creo ser yo en único que confirme esa regla.

Asimismo, cuando la ocasión lo haya propiciado, nunca creo haber disimulado llamar "regalo" a todo lo que signifique el cumplimiento de cualquier compromiso.  Entiendo, por tanto, que  este defecto mío -si lo fuere- debe ser algo crónico, porque ni con los años ni con las frustraciones, que haberlas haylas, soy capaz de enmendarme.  Y es que desde siempre me ha parecido que los regalos deberían simbolizar el carácter desprendido de quién lo hace y solo como un gesto de gratitud y no otra cosa.  Procurando quitarle la vitola o etiqueta del interés espurio y soborno, para que no pierda sus nobles esencias.  Y me reservo poner ejemplos. 

Tampoco niego que el regalo a tiempo cumple una función elemental y se convierte en algo práctico incluso de natural necesidad, aunque a veces no entre por los ojos de quién lo reciba.  Además se disfruta, cómo no, viendo que se lo pasa en grande quién regala, si nota que a quién lo recibe le impacta favorablemente.

Por mucho tiempo que pase, jamás olvidaré las mañanas del Día de Reyes, abriendo junto a mis hermanos los envoltorios que nos habían puesto nuestros padres debajo de la chimenea con el nombre de cada uno de nosotros,  para ver que nos habían "echado" los Reyes Magos.  

Después, como padres y abuelos, intentamos mantener la tradición y cumplir tan placentero rito religioso con nuestros descendientes. Al mismo tiempo nos sentimos orgullosos de ser receptores del mejor regalo; el cariño que recibimos de ellos.

Pero el regalo que motiva este espacio, sin que sea nada original, tiene un valor incalculable, ya que su finalidad significó satisfacer un deseo de mi esposa y también una ilusión compartida entre los dos.

-   ¿Qué traes en esa caja tan grande? -me dice ella cuando entro por la puerta y nota que quiero sorprenderla el día de su cumpleaños-.

-    Toma, que es para ti.  Abrela con cuidado y ya verás lo que contiene -le respondí sin dar mas detalle-.  Estoy convencido de que esta vez traigo algo que te gustará.  Y si no te gusta, por favor ahora no me lo digas.  Pasaría un mal rato, ya que no puedes ni imaginarte la ilusión que me ha hecho poder comprarlo en un Día tan señalado como el de hoy.

Estando ella abriendo el paquete oigo que ronronea entre dientes: "Será alguna tontería de las que acostumbra", "seguro que es algo que no necesitamos", "ya conozco su poco  gusto para elegir regalos y hoy no va a ser distinto?". . .

Mientras tanto yo me limitaba a escuchar convencido, insisto, de que al ver qué era lo que contenía el paquete le iba a emocionar, ya que en aquél tiempo (primeros años setenta)  un capricho así  parecía algo fuera de nuestro alcance.

-    ¡Hay que bien!. ¡Que bonito!. -exclamó al verlo-.  Déjame que te de abrazo. ¿Cómo se te ha ocurrido?. Esta vez has acertado y es justo reconocerlo, estoy emocionada.  Aunque también me duele que te hayas gastado tanto dinero.

-     Mujer, deja a un lado lo que haya costado y disfruta de una cosa que los dos teníamos ganas de poder comprar. Y si no se ha hecho antes, tú sabes muy bien por qué.  Además, sepas que mi mayor satisfacción es saber que te ha gustado y para mí eso es algo que no tiene ningún precio.

-      Hay sí, perdona. Has tenido muy buen gusto.  Deja que te abrace y te bese otra vez, porque este momento me recuerda aquél otro en que trajiste las llaves del piso que estrenamos para vivir nosotros solos, con nuestros hijos en nuestra propia casa.  ¿Te acuerdas cómo lloramos emocionados?.

Y todo por un simple reloj de pared aunque por entonces era un auténtico lujo, casi imposible de permitirse familias de trabajadores asalariados como éramos nosotros, pero por fortuna pudimos disfrutar.  

Un reloj que sea por su excelente calidad o por el esmerado trato que se le da, todavía luce como el primer día y funciona perfectamente.





















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