13 may. 2012

A mis amigos vivos

Alguna vez dije que no me gustaba nada hablar de muertos y lo mantengo. De ahí que, aunque a quién cito en estas líneas ya no esté entre nosotros, como mi sentimiento de amistad perdura, seguirá estando vivo en mi recuerdo. Tambien es cierto que, resida donde resida, sea cual sea el lugar donde viva, se me haría difícil vivir sin amistades. Pues en cada etapa de mi existencia, comenzando por la de la infancia y sucesivas, en todas ellas he intentado rodearme de gente cercana, de personas afines en las que he creído confiar y debe señalar, honestamente, que no puedo quejarme, a D g.
De aquella primera etapa, en el pueblo donde nací y en el barrio donde fuimos creciendo, recuerdo -entre otros- a Eugenio Benito Navarro "El Morenete", con quién desde muy niños compartimos travesuras (matar gorriones con tirachinas era una); juegos infantiles (con las bolas al guá, a carreras con el aro, al trompo...) fuimos juntos al colegio, también por qué no decirlo tuvimos alguna que otra riña... hasta que nuestros padres decidieran que dejáramos la escuela y nos incorporásemos a ejercer tareas agrícolas, cogidos de la mano de algún adulto, para comenzar a aprender los trabajos del campo y así llegar a ser lo que entonces se entendía por "hombres de provecho". Que lo consiguiésemos o no ¿...? hemos llegado a viejos y aun tenemos nuestras dudas. Ja, ja, ja,
A Eugenio, dedicado con notable éxito por cierto a la vitivinicultura en calidad de pequeño-mediano agricultor en su propia empresa familiar, ni el paso del tiempo, ni la modernidad anunciada año tras año le hicieron modificar el lenguaje que se utilizaba para dar nombre a cada cosa, por el común de la gente del lugar y según la particular "gramática parda" al uso. Él gustaba de usar vocablos tan domésticos y hogareños que para los que llevamos muchos años de ausencia, integrados en otras culturas diferentes incluso para las jóvenes generaciones, resultan hasta divertidos. Como además, Eugenio era una persona  ocurrente y manejaba los refranes con habilidad, enriquecía la tertulias de manera admirable. Hablando con Eugenio de dinero -por ejemplo- se tiene la sensación de que el euro y los céntimos de euro es moneda de otro mundo que no es el nuestro. Para él, economicamente acomodado,  todavía están en circulación las antiguas monedas como son, por orden de menor a mayor, la "perrilla", el "pataco", el "real" la "peseta", el "duro"... y las manejaba con tanta gracia, cuando procedía nombrarlas, que ni en los foros cervantinos en el rico lenguaje castellano del mismísimo Don Quijote de la Mancha se hubiese hecho mejor.
De los amigos, mejor recordar lo bueno de cada cual.






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