31 mar. 2010

Pastel de arroz con canela

El título me lo invento, ya que en mi pueblo se le llamó siempre " arroz con duz" y todo el mundo sabía de qué arroz estábamos hablando. Pues se trata, ni más ni menos, que de un postre típico, dulce, y muy sencillo (también barato) que en Semana Santa no puede, o no podía, faltar sobre todo en las familias cristianas, de condición más bien modesta, del mundo rural. Este tipo de "caprichos" es una costumbre -como tantas otras- heredadas generación tras generación, en razón de la propia cultura gastronómica del lugar.
Digo "dulce muy sencillo" por que la cocinera de casa, M. J. , lo hace una o dos veces al año y siempre le sale igual de bién, es decir, que el último que hace, siempre, es el mejor. Ella misma se hace de los ingredientes: arróz del bueno (dice ella), azucar, canela en rama y en polvo, peladura de limón, agua o leche (en casa nos gusta más con agua) y creo que nada más. Si a la hora de cocinarlo, la guisandera, tiene algún "secretillo" y se lo añade lo desconozco. Lo cierto es que de la mezcla de sabores de esos pocos ingredientes que describo, calculando las cantidades "a ojo de buen cubero" obtiene un resultado como para chuparse los dedos, en serio. Y eso es solo el postre, por que hablar del "potaje de garbanzos con rellenos" de primer plato, y de las "tajadas de bacalao rebozado y frito" de segundo, sin exagerar, la calificación del menú de viernes Santo, en casa, merece un DIEZ y me quedo corto.
Bueno, seamos buenos todos y que se cumplan nuestros mejores deseos.
Adios.
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27 mar. 2010

Cosas del "agüelo"

Tenemos un nieto que cursa sus estudios en la Universidad, y como a la salida de clase le coge de paso pasar por casa, al estar solos los dos, algunos días viene a comer con nosotros por hacernos compañía unas horas y por que le encanta cualquier comida que haga su Yaya (lo de cualquier comida es un decir, por que ella hace lo que sabe que le gusta a su nieto) . Él dice que aunque sea un plato de verdura, sopa de pasta, arroz con garbanzos, carne, pescado, las comidas que hace su Yaya son todas "guisos de concurso". Debe de ser -creemos- que al ser ella quién se encargara los primeros años de llevarlo y traerlo al "Cole" (sus padres trabajando los dos) de preparare la comida, el bocadillo, de complacerle en sus caprichos y darle mimos desde muy niño, ahora, de mayor, sienta verdadera adoración por su Yaya y es comprensible. A mí me quiere también y seguro que mucho, por que sabe que el gusto de tenerlo con nosotros ha sido un gusto compartido por los dos, pero la confianza no debería ser la misma cuando si algún día íba yo a recogerlo al colegio, por que su abuela no podía ir, al verme, antes de darme el beso y decirme hola yayo, me preguntaba;
-¿Y la Yaya, por qué no viene?.
No te preocupes, que a la Yaya no le pasa nada -le decía para tranquilizarle-. Nos cogíamos de la mano y tan felices los dos.
Ahora se le comenta, entre otras anécdotas parecidas, y le da la risa. Lo más que dice es:
-¡Qué crueles somos de niños!, perdona Yayo. Y acabamos riendo todos.
Lo que haya de pasar de ahora en adelante, quién lo sabe?. Pero es verdad que a nuestro nieto, hasta aquí, lo hemos disfrutado a tope.
Hoy no se me ha ocurrido otra cosa.
Saludos.
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21 mar. 2010

Día tras día, sin abandonar.

En uno de esos días "tontorrones" que solemos tener los humanos, cuando nos hacemos mayores, en esos días que nos da por repasar -mentalmente- todo aquello que pudimos hacer mejor de cómo lo hicimos, así como recordar, por supuesto con inevitable amargura, lo errores cometidos y las diversas oportunidades que tuviésemos con posibilidad de aumentar el nivel de vida en lo primordial, tanto por nosotros como por nuestra descendencia, y que por torpes -digo yo- no supimos aprovechar. Recorridas unas cuántas páginas de nuestro recordado (que no escrito) diario, vencidas todas las etapas de la vida activa y resignados a sobrevivir con los achaques propios de la edad (por suerte,todavía, pocos) seguro que en alguna de esas "horas bajas" que a veces se tienen dije a mis hijos; "estoy triste, por que veo que nos hacemos viejos". Nuestra hija que lo oye, y que pide por que no nos hagamos viejos nunca por que nos quiere a rabiar, desaprobó mi queja y en forma de amonestación (cariñosa, eso sí) me respondió:
-"Papá, no digas tonterías, no te quejes por ver que os haceis viejos, que además de no ser verdad, la otra opción es peor". "¡Cuántos quisieran...!".
Nosotros, con tan cumplida y generosa dosis de animosidad, nos hemos comprometido a seguir utilizando todos nuestros recursos, sin limitaciones, para aprender a envejecer sin complejo. Por nuestro bién y por el de ella. Gracias tesoro.
Un beso y otro día más.
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14 mar. 2010

Detalles enriquecedores

Por estas fechas, en el año 1992, mis paisanos de la Peña de Tomelloso en la capital de España, en un gesto de infinita y desmedida generosidad me concedieron la acostumbrada distinción de TOMELLOSERO DEL AÑO que la Peña concede anualmente a las personas o grupos e instituciones que, en función de sus competencias, hacen algo merecedor de tan honroso galardón.
En mi caso particular, según consta en la dedicaria del título, fué por creer que mi tarea respecto a la lucha contra el cáncer merecía ser reconocida por todos; conocían cómo había luchado contra mi propio cáncer, el tiempo que lo tenía superado y los años que llevaba luchando contra el cáncer de los demás y decidieron premiarme por ello. De nada sirvió que dijese que "ese mérito no era solo mío", ya sabían cómo estuve de bien asistido por los médicos, que tuve la ayuda totál de mi familia, de amigos que como ellos pidieron por mí, y de tanta gente de mi entorno, que entre todos me lo pusieron tan fácil que no podía defraudarles.
Sin embargo, el emotivo e inolvidable acto de entrega tuvo una segunda parte que redobló mi satisfacción. Ese mismo día se me planteó la posibilidad de participar con la aportación de mi propia experiencia, en la creación de un espacio, en mi pueblo, donde poder rehabilitarse las personas (había varias) convalecientes de cáncer de laringe que no hablaban y se llevó a cabo por que, a pesar de residir tan lejos, no podía negarme. Mi compromiso era el de no regatear esfuerzos hasta la consolidación y buen funcionamiento de Centro, aunque para ello hubiese de desplazarme los primeros años con alguna mas frecuencia de lo que lo hice siempre.
Fueron todos tan generosos conmigo, que por muchos años que pasen, estare permanentemente en deuda con mis paisanos. De corazón lo digo.
Y vosotros, quienes paseis por aquí, disculparme si me repito.
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5 mar. 2010

COSA DE DOS

Comentábamos mi esposa y yo (los dos) el ¿notición? sobre si toros sí, o toros no, cuando aparece en la pantalla de TVE-I una fila de personas esperando ¡algunas hasta cinco días! que se abriese la iglesia para besar los pies al cristo de Medinaceli y pedirle que obre en cada uno de sus devotos el "milagro" deseado. Y en ambos casos coincidimos (los dos) en que la gente solemos caer, con bastante facilidad, en el error de la exageración.

Sin que a nosotros (a los dos) nos emocione lo mas mínimo ver una corrida de toros, el día que dan alguna corrida en televisión (a la plaza no vamos nunca) la vemos. Pues ni hacemos aspavientos (ninguno de los dos) al ver sangrar por las heridas en el lomo del morlaco, ni nos provoca ninguna tristeza ni pena ver que el toro (creemos que lo hace en defensa propia) tumba al caballo y tira al picador, o rejoneador por los suelos incluso al torero, si este mide mal las distancias que suele decirse.
Como no entendemos de toros ni de toreros, unas veces nos retira la "tele" por aburrimiento, antes de terminar la corrida, y otras nos retiene por que le encontramos algo que nos divierte. Por tanto, si hubiese que votar sobre "toros sí, o toros no", nuestro voto sería en blanco. Quien quiera ver y disfrutar, o sufrir, con los toros, que entre a la plaza si es su gusto, y quién no quiera que se quede fuera. Para nosotros (para los dos) cualquier postura valdría menos prohibirlos ¡faltaría más!

Tampoco tenemos por qué ocultar lo que pensamos (también coincidimos los dos) sobre aquellos que estan casi una semana, día sí y noche también, guardando turno en plena calle del Madrid mas frio, en muchos años, para besar los pies de un santo. Se ve que muchas de esas personas son ancianas, seguro que algunas de ellas enfermas, no se si conscientes o no incluida la familia del riesgo que corren, por muy bién que se arropen, soportando los rigores de un invierno tan crudo como el de este año. Nosotros (los dos) cristianamente decimos; "si hacemos mal no besando los pies del cristo de Medinaceli, que nos disculpe Dios", pero con tanto frio y a nuestra edad ni se nos ocurriria intentarlo.

No se si nosotros (los dos) por ser y pensar así estamos viviendo en pecado, pero en todo lo que ocurra con las corridas de toros nos importa "un cuerno" o más de uno. Y lo que se lleven entre manos y entre rezos el santo y sus devotos .... nada, nada.

Hasta luego, amigos.
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4 mar. 2010

Somos lo que somos, nada más

Hoy, en mi paseo casi diario por el parque que hay al lado de casa, me ha dado por observar lo útiles que resultan los espacios verdes, ajardinados, en particular para niños y viejos. En este tipo de espacios suele haber zonas adaptadas para juegos infantiles y bancos (asientos) diseñados para facilitar el descanso a los viejos. Los primeros, los niños, correteaban en grupo y se notaban felices, mientras los segundos, los viejos, a prudente distancia, también felices, vigilaban para que disfrutasen los niños sin hacerse daño, o así es como yo lo percibía.
Ante tanta realidad, respecto del comienzo y final de lo que somos, el pensamiento me llevó a la conclusión de que igual las "guarderías" para niños, que las "residencias" para viejos, deberían ser espacios tratados y cuidados con guantes de seda, por que ni todos los niños tienen la dicha de contar con un "cómplice" viejo (abuelo) que les lleve a jugar al parque, ni todos los viejos tienen un niño (nieto) para acariciarle y cuidarse de él. Las Guarderías y Residencias son un recurso excelente de cara a aliviar esas carencias incluida la soledad, el encierro, en ambos casos. Lo que no parece comparable es el calor y la alegria que se respira entre los niños en las guarderías, con la frialdad y en muchos casos tristeza que se observa en el hambiente de los viejos en las residencias.
Bueno, queridos colegas, como no quiero ponerme triste, aunque sea viejo, con todo afecto os mando un abrazo.
Hasta siempre amigos.
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