29 nov. 2009

Ahora que tengo tiempo

Llevo un poco tiempo removiendo la trastienda donde guardo rastros (huellas que no se borran) de tiempos pasados y me tienta comenzar a escribir lo que han sido trozos de mi vida basados en mi experiencia y que han tenido mucho que ver en mi conformación como individuo. (Mi hija me anima a que lo haga, por que todo lo que recuerde y cuente -dice ella- tiene que ser interesante)
De momento y dando una ojeada a mis primeras fotografías de cuando era niño hasta las últimas que me he hecho de mayor, mirándolas todas y echándole imaginación, veo que nacer a mitad de los años veinte del siglo pasado y poder contarlo al término de la primera década del siguiente siglo, aunque ello no signifique mérito alguno, espero que sirva cuando menos para entender mejor y valorar que la vida es puro compromiso y que no se puede malgastar el tiempo ni permitir que las oportunidades, para mejorar a cualquier nivel, pasen delante de nuestras narices sin intentar aprovecharlas.
Otra cosa es que como hijos que somos de las circunstancias hayamos de escribir sobre nuestra propia conducta al dictado de lo que marcan los tiempos y no por la fuerza de voluntad de cada cual. Pues si repasamos la historia de España de los dos últimos tercios del siglo XX, sin ser derrotísta, habrá que concluir en que ha sido el tiempo mas negro y complicado vivido por la inmensa mayoría de españoles. Y mucha gente de mi generación no me negará, seguro.
Sin embargo, si lo escribo lo hare destacando lo positivo que recuerde, por encima de lo negativo de todas las etapas o trozos de mi vida. Lo prometo.
Saludos a quienes me lea.
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26 nov. 2009

VAYA MUNDO

Con lo que hoy hemos podido leer en el editorial de todos los periódicos de Cataluña, me da que ya no se lo que soy ni de donde vengo (lo que tenga que ser y donde vaya, a mi edad, ni me lo planteo) Y es que aquella España nuestra, la "una" "grande" y "libre" en la que mi generación ha crecido, sufrido, y por fortuna superado (que no olvidado) el peso de la democracia la ha hecho añicos, o mejor dicho, los políticos de todo color y condición se han encargado de transformarla de manera que ya no la conoce "ni la madre que la parió" como dijo alguna vez una señoria parlamentaria con su mejor intención, creo.
Se habla de la lengua española -pongo por caso- la catalana, gallega o vasca como si solo fuese española la primera. Es decir, como si los catalanes (yo lo soy adoptivo) los gallegos o vascos no tuviésemos anotado en el DNI: "nacionalidad, española" -como debe ser- igual que los murcianos, los extremeños, los riojanos, etc. Otra cosa es que haya lugares donde resida gente radical, extremista, que la hay en todas partes y de toda casta y color, que no quiera reconocerse española, murciana, andaluza ... y le apetezca cambiar de nacionalidad, domiciliarse en otro pais igual que hacen muchos con sus dineros para no pagar impuestos en origen, por ejemplo.
A propósito de lo que se está discutiendo estos días respecto de los estatutos catalanes, si se garantiza el derecho a la autonomía de las "nacionalidades y regiones" -según la Constitución del 78- como no se si nacionalidad tiene otra interpretación que por mi rusticidad desconozca, me cuesta lo mío entender lo que significan ambos conceptos. Menos mal que echo mano del diccionario (mi pequeño Espasa Calpe) y me saca de dudas: que nacionalidad es sinónimo de nación, y que región, comarca, municipio, pedanía, son otra cosa. Cada cual igual de respetable, con su cultura, su lengua, sus celebraciones tradiccionales, incluso con su manera de ser, sin que nadie se crea con derecho a interferir y menos discriminar, creyéndose superior al otro. Si todos nos aceptamos cómo y de donde somos y nos respetamos mutuamente, seguro que se nos veía mejores, con lo que saldriamos ganando ¿o no?.
Me toca la pastilla.
Adios.
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20 nov. 2009

GRACIAS A LA VIDA ...

Cuando se alcanza una edad en que suele ser tolerable, admisible, el incumplimiento de determinados compromisos por que es facil manejar como argumento cualquier "causa mayor" que justifique el descuido, u olvido involuntario, no debe desaprovecharse la ocasión de celebrar esas pequeñas cosas que nos hacen la vida mas llevadera y a las que solemos conceder tan poca importancia.
Ayer mismo -sin ir mas lejos- me desplacé a Vallirana a almorzar con unos amigos en un Retaurant próximo al Puerto del Ordal y recordamos algo de los buenos ratos que pasamos hasta establecer una amistad muy profunda, extensiva a nuestras familias, y sin fecha de caducidad. Solo éramos cuatro (todos jubilados) aunque de edades desiguales; entre sesenta y tantos el más jóven y ochenta y pico el menos jóven, pero ojo, sin aparentarlo.
Hace años que venimos a este mismo sitio y siempre quedamos comprometidos para volver, lo que dice mucho respecto del buen trato que se nos da, lo cual hace que casi todos nos excedemos en cuanto a cantidad de lo que tomamos.
El fuerte de la especialidad de la casa, al margen de las frescas y abundantes ensaladas verdes, está en la brasa, igual carne de pluma, que de pelo o de cerda incluso bacalao, como son profesionales y saben lo que hacen, con una pizca de all i oli está todo riquísimo. Además, acompañado con unas olivas de la orza, con unas judías blancas cocidas y pasadas por la sartén, y un vinillo blanco penedés, jóven y fresco, rematado con un café con o sin gotas, el resultado no puede ser mejor. Y como este tipo de encuentros ejercen de terapia milagrosa para curar el desánimo, quedamos -insisto- emplazados para un próximo almuerzo.
A nosotros nos merece la pena.
Saludos cordiales.
Andrés
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14 nov. 2009

Que lo haga la máquina....

Como mis orígenes son rurales y desde muy joven tuve que asumir el aprendizaje de las tareas del campo, sin que fuese nada excepcional, no me costó mucho aprender a hacer los trabajos que correspondía en cada época del año con cierta facilidad. Al ser nacido y criado en La Mancha no debo negar que el cultivo de viñas, en todas sus facetas, acabó gustándome. Pues me daba igual labrar la tierra, plantar una viña, que realizar cualquier otra tarea de cultivo como podar las vides, por ejemplo.
¿Por qué digo podar? por que, además de ser la poda de los viñedos una tarea de las que más me gustaron siempre, es uno de los trabajos para el que no se ha inventado, todavía, máquina que lo haga. También, por saber que las vides bien podadas tienen mayores posibilidades de mantenerse sanas y mucho mas vigorosas incluso alargar su vida produciendo buenas cosechas.
Ya se que todo ha evolucionado y han pasado muchos años desde entonces y debería tenerlo olvidado, pero hoy sábado, en el programa de televisión Agrosfera (canal 2) se ha dicho que los agricultores ahora, con el viñedo, tienen un problema por que falta gente que sepa, o quiera, podar. Y eso me entristece en la misma medida que me alegra el que se labre, vendimie, se planten o arranquen las viñas con máquina ... y el conductor trabaje con aire acondicionado en verano y con calefación en invierno. Qué menos.
Sin embargo, me preocupa el que siendo la poda de viña una de las faenas del campo más agradecidas se haga mal, o no se haga, por falta de podadores especializados. Si algún día sale una máquina que sepa por donde y qué sarmiento tiene que cortar en cada cepa, o parra, será un alivio.
Seguiria, pero no.
Adios.
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7 nov. 2009

El retrovisor II

Hoy me apetece basar esta nueva entrada en una determinación y una fecha que, aunque quisiera, me resultaría imposible olvidar. Y es que se acaban de cumplir el cincuenta y cuatro aniversario de una aventura que empezó a las once de la noche del día 2 de noviembre de 1955 y que, con acierto o si él, ya no tuvo marcha atrás.
En ese momento, con un pie en el estribo del viejo autocar que me trasladó a la estación de ferrocarril mas próxima, donde poder coger un tren con dirección a Barcelona, abrazaba a los míos y con la voz rota por la emoción me despedía de ellos con un "hasta luego" ya que era consciente de que podía arrepentirme antes de fijar una nueva residencia, dado a la dificultad que entrañaba "atrenizar" en una ciudad desconocida, sin tener oficio alguno al margen de las labores del campo aunque, eso sí, con muchas ganas de trabajar y aprender lo necesario para no defraudar a quienes me animaron a tomar tál decisión, como hicieran poco antes los hijos de una familia de Cuenca para la que trabajé unos años, ayudando a recolectar cereales, y de la que tan buenos recuerdos guardo.
Comenzaba entonces, insisto, una aventura que ni yo mismo estaba seguro de que pudiese acabar medio bien, estaba viviendo una etapa tan confusa y de tan alejado e incierto porvenir que creí que valdría la pena arriesgarse y comprobar si me equivocaba o no.
Ni que decir tiene que al principio, tras decidir quedarme y traer a mi lado a mi esposa y a nuestro hijo, tuvimos dificultad para organizar nuestro hogar hasta que poco después de nacer nuestra hija obtuvimos un piso-vivienda a nuestro nombre. Desde entonces, con nuestra casa amueblada con lo imprescindible, el colegio de los niños en nuestro barrio, un trabajo seguro con posibilidades de mejorar profesionalmente, y ¡lo mejor de todo! juventud y espíritu de lucha para mirar hacia adelante, contando -eso sí- con la complicidad de mi esposa, aun más joven que yo, entregada, dispuesta, a ejercer de esposa y madre de forma ejemplar. Ella que de perezosa no tenía -ni tiene- nada, supo y sabe hacer con nuestros ingresos casi milagros para que en casa no falte nada de lo indispensable. Los niños, bien nutridos y aseados, acudían puntualmente a su colegio. Y para mí siempre tuvo a punto lo necesario para que yo me dedicara a mi/s trabajo sin que tuviese que preocuparme de nada más, si no era preciso.
Después, cuando nuestros hijos se hicieron mayores de edad y se independizaron, los años han ido pasando y nosotros envejeciendo sin razón para quejarnos de casi nada.
Por hoy basta, adios.

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