28 ene. 2007

TOMELLOSO NEVADO


Fotografía enviada por Mari Asun desde Tomelloso.
CATEGORÍAS:
26 ene. 2007

BODEGÓN

CATEGORÍAS:

PRÓLOGO

La laringe es un órgano que cumple tres misiones: respiratoria, de esfínter o válvula y fonatoria. Respiratoria porque permite el paso del aire del exterior a los pulmones y viceversa, de esfínter o válvula porque impide que la saliva o los alimentos pasen a las vías respiratorias y fonatoria porque al contener las cuerdas vocales posibilita la emisión de sonidos que permiten la comunicación con los demás a través de la palabra.
La cirugía total de la laringe es capaz de mantener la función respiratoria, pero al tener que sacrificar las cuerdas vocales priva al individuo de la comunicación con su entorno. Afortunadamente, la vibración de la boca esofágica va a producir un sonido básico que articulado adecuadamente en la boca permite la emisión de palabras y por tanto de frases que van a restablecer la comunicación del paciente con el exterior.
Esta nueva forma de hablar percisa de un aprendizaje que debería darse en el propio centro donde el paciente se operó, pero por desgracia, este aspecto no se halla explícitamente contemplado o asumido por la estructura sanitaria actual o bien es manifiestamente insuficiente.
Es gracias a las Asociaciones y Centros de Laringectomizados que cubren, en parte, esta deficiencia, o al espíritu de entrega de gente como Andrés Cañas, que se consigue rehabilitar a los laringectomizados para que puedan integrarse, de nuevo, a su vida normal.
Hace diez años que conozco a Andrés Cañas. Primero fue un paciente, después un amigo. En el momento actual es el colaborador, que de una forma volunaria y desinteresada, inicia en los primeros pasos de rehabilitación vocal a aquellos enfermos que, nosotros cifujanos oncólogos, nos vemos obligados a privar de un don tan preciado como es la voz. Conozco muy bien su gran interés por superarse día a día, así como de la ilusión con que participa de todo aquello que pudiesenriquecer sus propias experiencias, para utilizarlo en favor de nuestros pacientes antes o después de ser laringectomizados.
Su libro, MI OTRA VOZ, es una reflexión en voz alta de todo el proceso de reintegración, tanto física como psíquica, que todo paciente laringectomizado debe seguir hasta llegar al equilibrio psicosomático personal que le permita integrarse totalmente a su entorno familiar y social. Creo que su lectura puede ser de gran utilidad tanto al enfermo que deba someterse a una intervención de laringectomía total como al que ya la ha experimentado.

J. Burgués Vila
Jefe Patología Cervico-Facial
Servicio de ORL
Hospital de la Santa Cruz y San Pablo de Barcelona
CATEGORÍAS:

PRESENTACIÓN

Muchas personas laringectomizadas no hemos conseguido mejor nivel de voz debido a la escasa información que se tiene acerca de este tema. Por lo que aún se conoce poco sobre las posibilidades que tenemos los mutilados de la voz por laringectomía total, para recuperarla y rehabilitarnos convenientemente. Parece como si no se tuviese en cuenta que cada día que pasa aumenta el número de enfermos de la garganta y en consecuencia el número de laringectomizados. Incluso dándose la circunstancia de que cada vez es más bajo el promedio de edad entre quienes nos toca vivir tan desgraciada experiencia y pudiendo ello representar un freno anticipado -si no el final- de nuestra actividad laboral o profesional. De ahí que nosotros mismos consideremos sumamente provechoso explicar todo aquello que en la práctica nos haya dado buenos resultados, con el fin de remediar en lo posible la dificultad de otros laringectomizados que, por diversas causas, se hallen más desasistidos.

En mi caso y para poder llevar a cabo este modesto proyecto, al que doy el nombre de MI OTRA VOZ, he tenido que desandar casi todo lo andado desde hace más de diez años que soy laringectomizado, para reunir la mayor cantidad posible de documentación referida a la recuperación del habla y rehabilitación integral de personas laringectomizadas. Aunque he de confesar que no me ha resultado muy costoso rememorar una historia que -como digo- se inició hace más de diez años y, sin embargo, sigue siendo para mí como si comenzara cada día.

Tampoco es que la tarea hayasido excesivamente fácil, ya que la documentación ajena a mis propias experiencias la he ido adquiriendo a través de mi relación constante con otros laringectomizados, aprovechando todo aquello que de alguna forma haya significado alivio o solución a los problemas que se nos acumulan. Son tantos y tan válidos testimonios los que he podido conocer en todo ese tiempo, que he querido expresarlos a través de estas páginas, para que sirvan de información e incentivo, a las personas interesadas.

Que el libro aparezca con un título tan delimitado o fijo como el de MI OTRA VOZ, no significa que trate únicamente sobre la carencia del habla, sino que intenta ir algo más allá de la privación de la voz. También se ocupa de otros aspectos que, aunque aparezcan en forma de secuelas de menor entidad, tienen importancia e influyen sustancialmente en que el resultado final -si la rehabilitación es correcta- sea satisfactorio. Es decir, que al mismo tiempo pretende advertir del riesgo de deterioro que pudiera sufrir nuestra propia imagen, así como del cambio que generalmente se aprecia en nuestra manera de comportarnos.

Si me inclino por una rehabilitación integral de las personas laringectomizadas es porque se ha de estar atento a esa gente que, desprovista o carente de apoyo familiar que le incite al optimismo, padecen momentos en que su animosidad es muy baja por temor a quedar aislados del ámbito en que se han desenvuelto habitualmente. Aunque haya también quien se resigne a ese tipo de "aislamiento" por pura y simple comodidad.

Uno de los aspectos en el que he querido poner mayor énfasis en este libro es en la sencillez del lenguaje que se utiliza. He intentado huir de vocablos y términos que pudieran confundir a los interesados en su contenido, lo que podría dar lugar a equivocar su correta interpretación. Deseo expresarme de un modo tan usual, que no requiera ningun esfuerzo comprender lo que quiero decir. Y es que la experiencia acumulada durante el tiempo de su gestación, permite ofrecer sin rodeos una serie de testimonios que sirvan para vencer cualquier dificultad o, cuando menos, aliviarla en la medida de lo posible.

La finalidad fundamental de MI OTRA VOZ es la de servir de guía orientativa para personas laringectomizadas, principalmente aquellas que por diversas causas no tengan fácil acceso a centros de rehabilitación especializados y en cambio, sí tengan voluntad suficiente para ejercer de maestros de sí mismos. Con las instrucciones que se dan, pueden ser muchos los laringectomizados que lleguen a comunicarse perfectamente, utilizando la voz erigmofónica. Para ello, se incluyen ejercicios, escalonados correlativamente para hacer más cómoda su realización. Ejercicios que no sólo son útiles para quienes hayan de iniciar el aprendizaje, sino también para quienes por una u otra razón no hayan adquirido el nivel de voz óptimo o cuanto menos suficiente y aún no consigan expresarse con la naturalidad con que puede hacerse.

MI OTRA VOZ tampoco querría descuidar la atención que debe prestarse a nuestros familiares o compañeros más cercanos, para evitar que sean víctima de un desánimo exagerado, porque no conduciría a nada positivo. Y sobre todo, a aquellas personas que voluntariamente aceptan el compromis de compartir con el enfermo su propia dificultad, queriendo con ello ayudarnos a vencerla, y para que en casos de necesidad, puedan asistirnos. Estas personas necesitan estar informadas de cómo se han de comportar en cada caso, para así evitar actitudes erróneas por simple desconocimiento. De ahí que en cada una de las partes o capítulos de que se compone este libro, me refiera a situaciones puntuales, más o menos comprometidas, con que inevitablemente nos vamos a encontrar. Y no sólo nos vamos a encontrar nosotros (el propio enfermo), sino que puede afectar a algún que otro componente de nuestro entorno más próximo. Tanto uno como otros deberíamos estar en disposición de afrontar esas situaciones por difícil que pudiera parecer.

En definitiva, el libro es el resultado de cómo pude conseguir despejar mi gran confusión a la hora de enfrentarme a los múltiples problemas que plantea una enfermedad tan traumatizante.

Desde que se advierten los primeros síntomas, hasta encontrarnos recuperados y dispuestos a reintegrarnos a nuestras actividades ordinarias, pasan muchas cosas que conviene conocer. Además, las soluciones que apunta MI OTRA VOZ, en cada caso concreto, cuentan con la aprobación e personas afectadas que lo han experimentado por sí mismos. Por tanto, mi mayor deseo sería que este pequeño libro-guía de contenido orientativo, pudiera ser un elemento más de ayuda para las personas laringectomizadas tras su paso por el quirófano. Incluso antes de la intervención quirúrgica puede ser muy útil y aliviarnos del temor a quedar apartados del mundo parlante a que estamos acostumbrados. Así que todo el tiempo y esfuerzo empleado a llevar a término este ilusionado proyecto se dará por bien empleado, si se consiguen alcanzar los fines para los que ha sido pensado. Ya que lo fundamental consiste en ayudar eficazmente a las personas laringectomizadas para que puedan reinsertarse lo antes posible a sus tareas cotidianas y en condiciones óptimas, aunque sea, naturalmente, con su OTRA VOZ.
CATEGORÍAS:

SIGNOS DE ALARMA

Generalmente cuando los enfermos de garganta vamos a consultar al médico sobre lo que nos pasa, solemos hacerlo con cierto retraso y en muchos casos demasiado tarde. No acudimos a él hasta que las pequeñas molestias que venimos observando desde hace algún tiempo nos comienzan a preocupar seriamente. Es decir, que nos decidimos a consultarle cuando notamos que aquello que hasta ahora sólo habían sido leves trastornos, aparentemente sin importancia, se convierte en una especie de picor o escozor más o menos persistente, incluso en determinados momentos llegamos a sentir cierto dolor en algún punto concreto de la garganta.

Todos sabemos que padecer trastornos de garganta es algo muy común a toda persona y a cualquier edad. Lo que ocurre es que hay quien los padece con mayor frecuencia e intensidad que otras y por tanto merece una vigilancia mucho más severa, ya que si se deja pasar el tiempo y no son tratados debida y precozmente, podría causarnos problemas mayores, consistentes en: dificultad al tragar ciertos alimentos e impedir que la voz mantenga el tono característico en cada uno de nosotros. Algo que podría llegar a tener una significación preocupante.

No es que sepamos la causa que determina estas molestias, ya que averiguarlo es tarea exclusiva del médico, pero creemos que la dificultad al tragar sea culpa de una pequeña inflamación que ejerza alguna presión en el tubo digestivo (esófago) y produzca ese daño. Y una anomalía del tono de voz, suele darse por intensa afonía, como consecuencia de irritación con inflamación en zona debilitada del órgano fonatorio.

Con todo, a muy pocos de nosotros -me refiero a quienes hemos experimentado este tipo de desarrreglos- se nos ocurre imaginar, que algo tan ligero pueda ser el origen de una enfermedad delicada y menos aún que sea un cáncer de laringe (permítanme este paréntesis para decir que va siendo hora de restar alarmismo a la palabra cáncer, y conceder la estimación que se da a cualquier otra enfermedad curable).

Se nos antoja que es algo pasajero, fácil de remediar con alguno de los "remedios balsámicos" que pueden adquirirse en cualquier farmacia sin otra disposición que la que nos dicta nuestra propia ignorancia y sin reparar en que la mayor parte de esos compuestos balsámicos o calmantes sólo sirven para retrasar inútilmente nuestra visita al médico.

Convedría recordar que las personas más expuestas a contraer estos desarrreglos de garganta, según los propios médicos, son aquellas que consumen gran cantidad de cigarrillos al día y quienes toman asidua o regularmente bebidas alcohólicas, aunque esto último no sea en cantidad exagerada. Pues ambos productos sabemos que contienen sustancias nocivas para la salud de cualquier individuo, aunque se intente ignorar. También es frecuente que estos mismos trastornos los padezca quien desarrolla su actividad laboral o profesional en ambientes cargados de suciedad y contaminados por humos, polvo o algún tipo de ácido que pudiese contener componentes dañinos para el organismo. Y en menor proporción, pero que también suele darse, están aquellas otras personas a quienes su tarea cotidiana y diaria les exige hablar mucho y confrecuencia en voz alta como ocurre con cantantes, locutores y presentadores de los medios de comunicación hablados, así como a vendedores ambulantes o callejeros que necesariamente han de pregonar su mercadería de viva voz. Y suele ser en estos grupos, que utilizan el habla (la voz) en base a su propio trabajo, donde el simple cansancio del órgano fonatorio podría significar la aparición de alguno de los síntomas apuntados. Especialmente afonías intensas que no suelen ceder fácilmente al mero descanso o reposo -siempre recomendable- ni a ninguno de esos "consoladores" balsámicos que habremos adquirido por nuestra propia cuenta en cualquier farmacia.

Cada una de estas situaciones referidas a lo que pdiese suponer un motivo de riesgo admitiendo que puedan haber muchas más) constituye una razonable causa de preocupación. Y no digamos lo que se complicaría el problema, si más de uno de estos motivos se dan en una misma persona. Cosa nada difícil dada la interrelación que existe entre trabajo, alcohol y tabaco en muchas de nuestras actividades. Por tanto, es necesario estar muy atentos y antes de atormentarnos con la sospecha de si será o no delicado lo que nos molesta en la garganta, debemos acudir a nuestro médico y contarle lo que nos ocurre sin ocultar el más mínimo detalle para que sea él quien nos saque de dudas. Silenciarlo o demorar la visita al médico de cabecera, por no creerlo suficientemente justificado, sería por nuestra parte una tremenda torpeza, algo de lo que más tarde podríamos arrepentirnos. Y es que en los tiempos que corren no podemos caer en esos errores, sabiendo que cada día que pasa se dispone de mejores y más adecuados medios para verificar, controlar y tratar convenientemente cualquier enfermedad.

Pero insisto, no es que hayamos de ser temerosos en exceso, ni siquiera se trata de conceder demasiada importancia a esos pequeños trastornos de garganta, cuando aún nos molesta poco, lo que no podemos es ignorar voluntariamente lo que podría ocurrir si no hacemos caso a esas molestias propiciando que pase el tiempo sin consultar al médico y cuando lo hagamos sea ya tarde. Y es que, si aún se está a tiempo de prevenir y evitar un mal mayor, sería tremendamente perjudicial el negarnos a ser examinados por un profesional, para después tener que lamentarlo. Cualquier molestia o anomalía que observemos en la garganta, por leve y pasajera que sea, seamos consecuentes y vayamos al oto-rino-laringólogo para que sea él quien nos trate como convenga.
CATEGORÍAS:

DIAGNÓSTICO

Respecto al dictamen o diagnóstico clínico, la primera valoración debe corresponder al criterio de nuestro médico de cabecera tras echarnos un primer vistazo. Este nos hará un reconocimiento que, aunque pudiera parecer superficial, sí será suficientemente concienzudo como para determinar el tratamiento que corresponda. Y si el médico de cabecera dice que no observa nada que pudiera preocuparnos, pero entiende que no está de más tomar alguna medida de carácter preventivo, no dudemos en aceptar su consejo porque será dado por nuestro bien. Todo ello al margen de que el estado físico general sea bueno y en nuestro aspecto aparente no se aprecie nada que pudiera inquietarnos.

Sin embargo, aunque no sea frecuente, suele ocurrir que nuestro médico de cabecera recomiende la visita al especialista oto-rino-laringólogo por puro y simpre formulismo profesional. Decisión que tampoco tiene por qué alarmarnos ni hacernos pensar que lo que haya observado al examinarnos la garganta escape a sus conocimientos. Lo que ocurre es que, mirando por nuestro bien, prefiere que seamos objeto de una exploración más completa y que se lleve a cabo por el propio especialista oto-rino-laringólogo dado que éste cuenta con el instrumental adecuado para tal exploración. También porque comprende que el especialista podrá ver mucho más claro lo que tengaos.

Si se diese esa circunstancia, una vez en manos del especialista y realizadas todas las pruebas necesarias: radiografías, análisis u otras formalidades clínicas y si los resultados confirman la enfermedad, cuyo tratamiento pasa indispensablemente por la intervención quirúrgica (laringectomía total), debemos aceptar el diagnóstico con serenidad. Pues la descripción que el médico haga de todo ello irá acompañada de una detallada explicación sobre las posibilidades de curación que existen, a la vista de los resultados obtenidos con otros pacientes tratados de lo mismo y que en parte aliviará nuestro lógico temor. Y es que la perplejidad o desespero, mejor o peor expresados al temer por nuestro futuro, sería una actitud negativa. Incluso a sabiendas de los problemas que se nos plantearán más tarde. Debemos confiar en nuestra capacidad de superación y por supuesto en la profesionalidad del médico.

Es evidente y hasta lógico, que todos reaccionemos con tristeza al vernos sorprendidos por la fatalidad y se nos note al principio algo desconcertados, ya que no resulta nada fácil asumir con optimismo una situación tan delicada, por muy bien que nos lo quieran disfrazar. Pero debemos ser conscientes d eqe si depositamos toda nuestra confianza en los médicos y el personal que nos haya de asistir, ayudaremos mucho a conducir el tratamiento hacia un resultado con éxito. Entre la esperanza de alcanzar la curación total y la colaboración que prestemos a los profesionales que nos hayan de atender, dominaremos mucho mejor la enfermedad. Y es que en situaciones así, se requiere un comportamiento apacible y sumamente disciplinado, con el fin de que todo se desarrolle con la mayor normalidad posible. El grado de madurez que atesoremos se ha de poner en evidencia con nuestra mejor manera de comportarnos.

El impacto psicológico que pudiera tener el hecho de conocer la enfermedad contraída, sobre todo si se trata de cáncer de laringe, suele ser muy fuerte y común a todos nosotros. De ahí que haya diversidad de criterios sobre si se nos debería comunicar o no el diagnóstico una vez que esté confirmado. Todavía hay quien considera improcedente que conozcamos nuestro mal, para evitar ese impacto emocional, ya que en algún paciente en el que la capacidad anímica fuese más bien escasa, podría ser demasiado fuerte y con ello agravarse aún más la situación. De cualquier forma, se comprende que haya reacciones algo confusas, dado que se trata de recibir una noticia harto enojosa. Sin embargo, somos muchos los que creemos ser más receptivos al tratamiento cuando el propio enfermo conoce su mal. Unicamente se trata de que el médico conozca la clase de persona que tiene ante sí y procure explicarlo a cada cual cuándo y cómo debe hacerlo, de manera que refuerce la confianza que hayamos depositado en el propio médico. Lo que no parece aconsejable, en ningún caso, es distraer la atención de las personas interesadas (enfermo y familiares cercanos), con rodeos o mentiras piadosas, porque está demostrado que, con ello, no se consigue nada positivo. Más bien, al revés. Sería peligroso que se notara que nos ocultan la verdad y en consecuencia se perdiese la fe que tengamos puesta en el médico y personal de enfermería. Y es que, una cosa es que nos preocupe el alcance y trascendencia que pudiera tener la enfermedad contraída, incluso que recelemos sobre el resultado final una vez concluido el tratamiento, y otra que nos quisieran ocultar aquello que difícilmente escapa al instinto de observación de cualquier persona adulta y mínimamente responsable.

Cuando el diagnóstico clínico se llama "cáncer", en cualquiera de sus manifestaciones y localización, el enfermo suele estar atento a todo lo que se haga y se diga a su alrededor. Por lo tanto, no es raro que, sin decirnos claramente lo que pasa, la misma duda nos lleve a una situación de rebeldía nada favorable. Lo justo sería que igual que debemos acudir al médico para conocer el alcance que pueda tener cualquier pequeña molestia en la garganta y aceptar el tratamiento que corresponda, sepamos ahora la situación real en la que estamos, porque así podremos contribuir al tratamiento que se nos aplique, ya que los médicos necesitan de la cooperación de sus enfermos, porque con ello se les facilita su labor. Siempre estaremos en mejor disposición para seguir las pautas de tratamiento que se nos determinen, si conocemos el bien y el mal que podemos hacernos con nuestro propio comportamiento. Partiendo de la base de que ¡hasta el cáncer!, gracias a la lucha desatada contra él a nivel mundial, y a la constante investigación de los especialistas y cómo no a la medicina actual, que no deja de introducir innovaciones cada día, está siendo una enfermedad cada vez mejor controlada y en multitud de casos vencida.
CATEGORÍAS:

HOSPITALIZACIÓN

La fecha de la hospitalización se acostumbra a señalar inmediatamente después de verificar el resultado de todas las pruebas preoperatorias -incluido el análisis histológico correspondiente- y se compruebe que no existe motivo alguno que impida iniciar el tratamiento. Es decir, que entre la fecha de ingreso en la clínica y el día en que se pretende realizar la intervención quirúrgica, los médicos tratan de que no haya mucho especio de tiempo. Lo cual es de agradecer, ya que una prolongada espera, cuando no sea necesario quedar subordinado a otra clase de tratamiento previo a la operación que hubiera de ser controlado por los servicios de enfermería del propio centro, podría significar que se produjese igual en nosotros mismos que entre nuestros familiares, un desasosiego o inquietud de consecuencias muy negativas. En este sentido, puede decirse que tiene tanta importancia el que todos los trámites que hayan de cumplimentarse durante el plazo preoperatorio se lleven a cabo en el menor tiempo posible, ya que el grado de animosidad que nos haya infundido nuestro médico, con sus reconfortantes consejos, podría disiparse o quedar sensiblemente mermado. El ambiente de la sala donde hayamos de ser instalados deberá ser un ambiente tranquilo donde podamos mantenernos relajados. Y es que si por un ado transcurren horas -cuando no días- sin conocer muy bien a qué se debe esa espera, nuestra impaciencia se acrecienta de forma incontenible llegando hasta el punto de excedernos en actitudes impropias de nuestro modo de ser. Y por otro lado, si como ocurre en la mayoría de centros clínicos y hospitales, debemos compartir habitación con otros enfermos, alguno de ellos recién operado de lo mismo que se nos va a intervenir a nosotros y vista la impresionante imagen que se da al llevar puesta la sonda nasogástrica y un vendaje tan aparatoso, nuestro estado de ánimo podría verse gravemente afectado. Añadiendo a todo ello la gran tensión emocional que nos produce el hecho de saber que tras la intervención no podremos articular una sola palabra.

Por tanto no es raro que se dé algún que otro caso en que el enfermo intente resistirse a pasar por el quirófano, cuado comprueba por sí miso estos detalles. Pues no todo el mundo tenemos igual capacidad de resignación para aceptar la adversidad sin trauma, ni siquiera la misma disposición para afrontar el problema con la decisión que se requiere. Todos, eso sí, debemos tener confianza en vencer esas situaciones tan confusas que se viven en los primeros momentos de la hospitalización, basándonos en que cada día se aplican los tratamientos con criterios más profesionalizados y por tanto hace albergar grandes esperanzas de que el resultado final será satisfactorio.

Uno de los aspectos importantes que conviene considerar es el referido al comportamiento que durante la espera pudieran tener nuestros familiares y amigos más próximos, ya que de su actitud podría depender el grado de animosidad con que lleguemos al momento de la intervención. El familiar o familiares que en la medida que se les permita, estén dispuestos a hacernos compañía, deben actuar con la máxima naturalidad y, sobre todo, con mucha prudencia dado a que si en su semblante se nota excesiva preocupación por lo que nos pasa y observamos que además eluden comentar las circnstancias tal y como se están desarrollando y si lo hacen se les aprecia alguna duda, nuestro instinto de supervivencia podría degenerar por derroteros pesimistas. En cambio, si la actitud de nuestra compañía es diligente, dinámica y expresa cierto cariz optimista, mantendremos un alto nivel de esperanza en salir convenientemente restablecidos una vez se haya cumplido el período de hospitalización.

El hecho de que nuestros familiares se comporten de manera natural suele depender de la información que se les haya dado al respecto.

A nuestra familia, sobre todo a aquellos familiares más interesados por lo que nos pasa, se le ha de inculcar y persuadir de que nustro problema se nos ha planteado con tiempo suficiente para ser solucionado y no hay por qué preocuparse más de lo justo, y esa información será nuestro médico quien la puede dar mejor que otra persona, ya que él es el primer interesado en que la compañía que nos asista en el hospital sirva de incentivo moral y refuerce nuestra esperanza de curación. Y es que al no estar uy convencidos de poder superar la enfermedad contraída, cualquier información que nos llegue de fuentes ajenas al servicio que nos haya de asistir, por buena fe que entrañe no nos va a consolar, más bien al contrario, nos serviría para aumentar nuestro miedo a lo pudiera pasar, si se presenta alguna inesperada complicación. Complicación que por otra parte tiene más posibilidades de presentarse si llegamos a la intervención emocionalmente tensos y no sosegados como sería recomendable.

La serenidad frente a las dificultades que pudiera tener el inicio del tratamiento nos la puede dar la persona que nos acompañe en el momento de la hospitalización. De ahí que sea preciso que esa persona esté convenientemente informada para que sea capaz de transmitirnos esa misma serenidad que el propio médico nos pide y que nos recordará constantemente el equipo de enfermería del centro.

Otro aspecto interesante de la hospitalización o espera preoperatoria, aunque pudiera parecer incomprensible, es el de permanecer la mayor parte del tiempo en la habitación en que se nos instale o bien en la sala de visitas, si la hubiera, junto a nuestro acompañante o acompañantes, con el fin de estar un poco al margen del problema de otros enfermos que hayan sido intervenidos días antes. Es decir, que podemos leer algo que nos distraiga, oír música si nos gusta... o bien participar de algún tipo de juego, a modo de pasatiempo, con cualquier persona o personas de entre los acompañantes, para evitar prestar demasiada atención al ambiente que nos rodea. Y es que el motivo de estar allí hospitalizado, podrá ser el mismo que el que haya llevado a otros enfermos de la sala, pero cada cual es como es y las circunsancias de cada enfermo, ni antes ni después de la intervención, necesariamenttienen por qué ser ni siquiera parecidas. De esta forma expresaremos nuestra buena voluntad de ser un buen paciente yharemos más llevadera y menos angustiosa la espera.
CATEGORÍAS:

POSTOPERATORIO Y TRATAMIENTO

Una vez intervenidos e instalados en la cama y habitación correspondiente, aún estando ya repuestos del efecto de la anestesia o cualquier otro tipo de analgésico que se nos haya suministrado, conviene que se nos moleste lo menos posible, cuando menos los primeros días. Nos beneficia -y no poco- que durante esos primeros días nuestro médico disponga de un cierto límite al número de visitas que pudiésemos tener.

Y es que por muy bien que haya salido todo respecto de la operación, és lógico que durante unos días tengamos pocas ganas de vernos. Por tanto, si somos cautelosos y guardamos durante el post-operatorio más inmediato, un reposo casi absoluto podría favorecer el inicio de nuestra recuperación. Tengamos en cuenta que la carencia total de voz nos podría conducir a un estado de tensión nerviosa bastante desfavorable al no poder atender nada más que con gestos a quienes nos visitan interesándose por nosotros. Reconozcamos todos que se nos acaba de practicar una delicada intervención y conviene que se nos deje descansar.

A partir de ese plazo de descanso y ya centrados en el tratamiento que estemos recibiendo, se nos puede aliviar mucho si el médico y el equipo de enfermería que nos asiste nos habla con sentido de buen humor, acerca del comportamiento que estamos teniendo, pues nunca falta esa pequeña peripecia anecdótica que sólo con comentarla anima el ambiente. Y es que los laringectomizados sabemos muy bien que los días siguientes a la operación suelen ser días de confusión y, sobre todo, de una tremenda tristeza. Y es que, además de confusos y tristes, las horas se nos hacen interminables.

Nuestra confusión suele tener su origen en que no dejamos de pensar en la provocación del mal que nos ha llevado a tan desafortunada situación. Soportar las molestias que produce el hecho de tener que respirar por el traqeostoma a través de la cánula y la inseguridad de responder positivamente a las exigencias del tratamiento, son por sí solo motivo de duda. Y la tristeza suele darse en unos enfermos más que en otros, porque desde nuestro obligado silencio vemos la cara de preocupación de las personas que nos rodean y no podemos evitar contagiarnos de su misma intranquilidad.

Sin embargo, sería injusto no reconocer que tal situación de inquietud e incertidumbre suele ser fácil de superar gracias a que igual los médicos que el personal de enfermería de cualquier centro hospitalario cuidan mucho ese detalle. El servicio de ORL de cualquier clínica dispone de personal suficientemente cualificado para llevar a cabo con notable m´rito tareas tan delicadas. Suelen ser personas afables, de modales y actitudes impregnadas de ternura y que al margen de su abnegación profesional, nos hacen creen que sienten un especial afecto por nosotros. Quizás estas personas se comporten -como digo- de manera tan singular y entrañable debido a que nosotros, los laringectomizados, somos un tipo de paciente que incordia poco, ya que por un lado estamos aterrados por el carácter de la enfermedad contraída y por otro y esto sí parece significativo, ni queriendo podemos quejarnos porque nos falta la voz.

Al mismo tiempo, nuestrol familiar o acompañante habla poco porque está contagiado de nuestro propio silencio.

Respecto a la evidente consideración que se nos tiene a los recién laringectomizados, debo insistir en que no es una invención gratuita por mi parte, decir que somos un tipo de enfermo diferenciado de otros enfermos, ya que esa distinción suele estar avalada por el criterio generalizado e los propios médicos. Y un ejemplo de ello podría ser la opinion del excelente especialista oto-rino-laringólogo Dr. Arístegui Carnes, en su brillante intervención en el Congreso Internacional de Laringectomizados, celebrao en Barcelona en el verano de 1983. Decía el Dr. Arístegui que: El laringectomizado no es un enfermo más que pasa y se diluye en el recuerdo de tantos otros enfermos, ya que éste queda ligado a la atención permanente de su médico, unido a él por lazos que desborda la simple relación médico-enfermo y adquier profundos sentimientos de amistad y gratitud.

La gran sensibilidad de los médicos para con sus pacientes laringectomizados es aplicable, como ya queda anotado, a todo el personal de enfermería. Y es que quienes hemos pasado por esa desgraciada experiencia recordamos con agrado las muestras de afecto que hemos recibido durante la hospitalización por parte de estas personas y a las que difícilmente olvidaremos por mucho tiempo que transcurra sin volver a verlas.

El plazo o período de hospitalización después de nuestro paso por el quirófano no suele ser prolongado (de tres a cuatro semanas viene a ser suficiente), si no surge ninguna complicación que justifique ampliarlo. No obstante, hay que reconocer que aunque corto se hace interminable, ya que los primeros días se tiene la dificultad de llevar un vendaje voluminoso apretado alrededor del cuello. La tos que nos produce cada vez que se obstruye la cánula de mucosidad, la incomodidad de llevar pusta la sonda nasogástrica por la que debemos ingerir los alimentos... todo ello hace que nos parezca que los días tengan más de veinticuatro horas. Y pos si faltara algo, aún mantenemos nuestra pequeña o gran preocupación de si alcanzaremos o no un nivel de recuperación satisfactorio. Quizá que sea esta razón por la que las personas encargadas de asistirnos antepongan su calidad humana, intentando desviar nuestra atención hacia perspectivas optimistas con el fin de proporcionarnos dosis de esperanza suficiente para que confiemos en una rápida y definitiva curación, apoyados en la gran fe que hayamos depositado en nuestro médico.

En todo ese tiempo en que estamos hospitalizados no es extraño que recibamos la vista de alguna persona laringectomizada, ya rehabilitada, llevada de su buena fe y sin otra intención que la de animarnos diciéndonos que él "también pasó por igual trance, etc.".

Aunque se trate de una persona que no conocemos de nada, si en su imagen no se aprecia deterioro por culpa de la operación y sus palabras no aparentan demasiada dificultad al articularlas, su visita nos hará mucho bien. En la situación en la que nos encontramos conocer a otra persona que en las mismas condiciones se comunica perfectamente con los demás y sus limitaciones las lleva sin ninguna complicación, puede ser inmensamente positivo, tanto para nosotros como para nuestra familia, porque todos vemos en esa persona que las dudas que tengamos sobre cómo nos desenvolveremos en la vida cotidiana no tienen otro fundamento que el propio desconocimiento de la realidad.

Por mucho que otros no laringectomizados se hayan esforzado en animarnos desde el primer momento, nadie, evidentemente, lo ha conseguido al mismo nivl que lo ha hecho la visita de esa persona.

Es decir, que la buena impresión que nos haya dado ver a otra persona laringectomizada que pasa casi desapercibida entre los que no lo son, nos lleva a un estado de optimismo bastante considerable. En cambio, el efecto podría sr negativo si la persona que nos visita -aunque llevada de la misma buena fe- no se expresa con una voz suficientemente fluida y en su imagen se nota alguna variación imputable a la huella que nos queda en la parte anterior del cuello.

La visita

Los médicos, en otro tiempo aún no muy lejano, cuando todavía era el amigo de toda la familia,el velador permanente de nuestra salud, quien sólo con su presencia, cuando nos visitaba, era capaz de remediarnos gran parte de nuestros males, solía aplicar fórmulas de tratamiento basadas, fundamentalmente en la quimioterapia y psiquioterapia, sólo en casos extremos y muy concretos recomendaba la intervención quirúrgica. Yo recuerdo oírles decir que lo último era la "operación".
No quisiera que se me interprete erróneamente, pues no dudo ni cuestiono la capacidad profesional y humana de los médicos de otros tiempos. Además estoy convencido de que agotaban toda posibilidad de curación, antes de llegar al lesivo y frío bisturí.
En cambio ahora se practica y se entiende mucho mejor la cirugía en general, debido al progreso y la modernización de todos los ementos.
Todo esto lo he reflexionado a raíz de una visita que hice, días pasados, a un centro sanitario moderno, en el que las especialidades están distribuidas por plantas y no por pabellones y salas como en otros más clásicos o más antiguos.
Mi presencia allí se debía a la visita que hice a un bue amigo que se encontraba hospitalizado y en período de observación, el cual se encontraba francamente bien, y así pudimos charlar un buen rato.
Este amigo me decía que había visto a unos laringectomizados, como yo, paseando por una de las plantas inferiores, que los había visto muy tristes, con la mirada distraída, como aislados, un poco ausentes delambiente bullidor que suele ser habitual en este tipo de centros. También sus acompañantes (familiares) reflejaban tristeza en sus rostros, se veían confusos, angustiados por la duda, respecto del resultado de la operación. Y es que el paso por el quirófano deja tras de sí una tímida o recelosa secuela de muy mal disimular.
Me disculpo ante mi amigo y me voy a la planta correspondiente, pido permiso en el servicio de enfermería, para visitar a estos pacientes, y no se me negó, más bien se me agradecía porque estaban muy deprimidos, así que, previa indicación de las habitaciones donde estaban instalados, me presenté ante ellos interesándome por su situación, les digo que sólo quería saludarles, pero que también me atraía la idea de que me oyeran hablar con mi voz erigmofónica, la voz que podrían utilizar ellos a partir de la mutilación.
No me podían responder con palabras (comprensible), pero les noté sorprenderse al oírme hablar, con voz diferente a la acostumbrada pero que se entendía perfectamente, de tal forma que, en el semblante, se les notaba el cambio que habían observado, ya miraban su problema desde otro ángulo diferente, se les habían abierto las puertas a la esperanza. También había sido muy efectivo el que me vieran con camisa y corbata, por aquello de "la conservación de imagen" que, para nosotros, tiene mucha importancia.
Los efectos de nuestra visita -digo nuestra porque me acompañaba mi esposa- entre sus familiares se notaron en seguida, aprovecharon para preguntar todo lo que no entendían o encontraban raro, querían saber las dificultades que tendrian que salvar para recuperarse, como nos veían a nosotros, pues suele ser escasa la información que se da en estos centros, son poco explícitos, quizá por no concederle importancia a la partepsicológica del problema o porque saben que esto se supera fácilmente, viendo y oyendo a otros que hayan vivido esa misma experiencia y que se encuentren absolutamente recuperados.
¡Esta era, y no otra, la razón de nuestra visita!
Traté de comentarles, como mejor pude, nuestras experiencias y los dos asentían, queriendo darme a entender que a ellos les estaba ocurriendo igual que me ocurió a mí. Les hablé de nuestros temores y de cómo se fueron disipando en la medida que superábamos el trauma psicológico que habíamos sufrido.
Les notaba que ponían más atención a mi forma de hablar que al verdadero sentido de mis palabras, aunque comprendían que no se trataba de una utopía "milagrosa", sino que estaban viendo y oyendo lo que era pura y simple realidad, algo tan necesario para ellos como la propia atención médica.
A mí, sinceramente, lo que menos me importaba era el interés que pusiesen en lo que les decía, sino en quién y cómo se lo estaba diciendo: ¡otro laringectomizado, con su propia voz!

* * *

Aunque no sabré ser muy expresivo, me atrevo a escribir esta carta con la finalidad de dar las gracias a un hombre que cuando hacía poco que me habían operado (justo cuando salía de cuidados intensivos) entró en mi habitación del Hospital.
Puede ser que, debido a los efectos de la anestesia, lo viese aparecer como un apóstol que venía a predicar la "resurrección" de la voz. Predicaba con el ejemplo, ya que él también estaba operado como yo desde hacía algún tiempo.
Las palabras que me dirigía para animarme, las oía con mucha claridad.
Después de esta visita tuve la snsación de que cosa no era tan grave como a mí me había parecido. Ahora estaba convencido de que yo, dentro de un tiempo, también hablaría como él.
Gracias, muy agradecido Sr. Andrés Cañas, por la visita que me hizo aquel día.
Pepe Mateu (Barcelona)


Pero una vez superado el post-operatorio satisfactoriamente, y cuando nuestra mejoría hace pesumir que no tardaremos muchos días en abandonar la clínica, debemos aprovechar esos últimos días poniendo mucha atención a las indicaciones que se nos haga respecto de cómo podremos asistirnos nosotros mismos la zona del traqueostoma, así como el cuidadoque hemos de tener con el material a utilizar, ya que si salimos convenientemente preparados, no tendremos ninguna dificultad para llevar a cabo el aseo corporal habitual y diario. En seguida comprobaremos que resulta fácil adaptarse, sin necesidad de ayuda ni esfuerzo alguno.
CATEGORÍAS:

ALTA CLÍNICA Y CONVALECENCIA

El alta significa que ya podemos prescindir de la asistencia que se nos viene prestando en la clínica desde el día de la hospitalización hasta este momento. Que ya podremos asistirnos nosotros mismos o esporádicamente con la ayuda de alguien, pero que a partir de ahora podremos hacerlo en casa. Algo que no será ningún problema porque nos habremos informado convenientemente sobre cómo atender las exigencias marcadas por la laringectomía. Sabremos cuidar el aseo del traqueostoma, cómo limpiar y manejar las cánulas traqueales, veremos la manera más correcta de proteger la zona afectada, etc., etc... Pero lo que suele ser más importante es el regreso al ambiente hogareño con la ilusión de reencontrarnos con esas pequeñas cosas que ya empezábamos a echar en falta y, cómo no, volver a estar entre las gentes que no han dejado de nteresarse por nosotros y que igualmente están dispuestas a prestarnos la ayuda necesaria para que nos podamos reintegrar a nuestra vida ordinaria lo antes posible. Ayuda que en principio aceptaremos de buen grado pero que, poco a poco, iremos evitando para no caer en el error de hacernos dependientes del auxilio rutinario por pura comodidad. Rotundamente puede decirse que tal ayuda en exceso es perjudicial.

A partir de ahora, una vez instalados en nuestra casa, deberemos asumir la responsabilidad que implica la autoasistencia, sin que ello signifique que debemos renunciar al apoyo que se nos brinde en caso de apuro. Pero nunca sería bueno recibirlo como norma habitual ya que quedar supeditado a la ayuda del otro, en nuestro caso, sería más bien una actitud caprichosa que una necesidad. Pues aún recuerdo a mi médico, tras darme el alta, que entró en la habitación a despedirse y encontró a mi esposa ayudándome a vestirme (creo que me colocaba la gasa protectora y me abrochaba el cuelo de la camisa) y con toda firmeza dijo: "Señora, que a su marido sólo le he operado el cuello. Las manos, los ojos y todo lo demás puede seguir utilizándolo igual que lo usaba antes de la intervención".

Tal hecho nos vino muy bien a los dos para quitar importancia a todo lo sucedido. Nos sirvió para que ella no e excediese en una actitud demasiado compasiva, ni yo me hiciera auxiliar injustificadamente.

Dado por supuesto que salimos de la clínica convenientemente informados acerca de cómo hemos de realizar nuestra propia autoasistencia, es bueno recordar algunos detalles para poder manejar nosotros mismos nuestra propia dificultad ya que, en determinadas situaciones, podrían aparentar ser aspectos intrascendentes, pero que a la larga vamos descubriendo su importancia. Por ejemplo, para el aseo corporal diario deberíamos disponer de una especie de "armario-botiquín" donde guardar todo el material necesario para nuestro propio uso, ya que nosotros tenemos una necesidad añadida a las del resto de la familia. Las cánulas y el resto del material de uso exclusivamente nuestro, conviene que esté separado del de baño y lavabo que sea de uso común. Además todo lo que sea de metal, como rejillas, pinzas, tijeras y cánulas, debe hervirse diariamente con el fin de que empre esté disponible y pueda usarse en cualquier momento, sin que se entienda que estas precauciones se hayan de tomar por evitar algún tipo de riesgo de contagio hacia los no laringectomizados, ya que tal riesgo no existe. Se trata de tomar una más de las medidas de higiene que se toman ordinariamente en cualquier hogar familiar.

El aseo del traqueostoma puede llevarse a cabo con compresas de gasa esterilizada, humedecidas con agua hervida y con cuidado de que no caiga una sola gota de agua en la tráquea (por la tos que nos puede producir), friccionando la piel con mucho mimo para evitar rojeces muy molestas.

Si al colocar la cánula traqueal notamos que entra demasiado ajustada y nos produce alguna molestia debemos consultar al médico para que él decida lo que hemos de hacer. Puede disponer reducir el grueso de éstas o recomendar algún tipo de lubricante que facilite su colocación sin esfuerzo. La cánula, una vez adaptados a llevarla puesta, no tiene por qué molestar lo más mínimo aunque sí debemos cuidar algunos detalles para mayor comodidad. Uno de ellos sería: aplicar una compresa de varias capas d gasa en forma de arandela con la finalidad de que al ser la cánula de un material duro, los bordes exteriores no rocen la piel, al mismo tiempo la gasa empapará la flema o moco que pueda filtrarse entre la capa exterior de la propia cánula y la pared interior de la tráquea.

Esta gasa se ha de cambiar tantas veces como sea necesario, yaque conviene mantener la piel seca e igualmente aseada. Y si, a pesar de nuestro cuidado, el color rojizo de la piel persiste, deberá ser el médico quien recomiende la manera de remediarlo, lo que no será difícil, dado que existen infinidad de cremas anti-irritantes con propiedades adecuadas para tratar esa clase de trastornos. Pero eso sí, nunca actuaremos in el consentimiento del médico, aunque nos parezca de poca importancia, por si es algo más delicado y hay necesidad de aplicar otra clase de tratamiento y que sólo el médico puede determinar.

En lo referente al baño o la ducha (no es necesario tomar excesivas precauciones ya que puede llevarse a cabo con escasa o nula dificultad) existen protectore de goma que, colocados debidamente, evitan que penetre agua en la tráquea, siendo el únicoriesgo a que estamos expuestos. La ducha, como suele hacerse de pie, con sólo inclinar la cabeza hacia delante mirando para abajo, no tiene por qué haber ningún problema, teniendo en cuanta que debemos contener la respiración cuando el agua y la espuma del jabón resbalen por el cuello. Y si preferimos el baño, sentados en la bañera, con lavarnos la cabeza antes o después, todo lo demás podremos realizarloigual que otra persona no laringetomizada, procurando que el nivel del agua sea más bien bajo para que, al movernos, no salpique ni alcance la altura del traqueostoma.

Respecto al tipo de protector que conviene aplicar a la parte anterior del cuello, debe ser sólido y al mismo tiempo cómodo. En ningún caso estaría justificado lvar el traqueostoma al descubierto, ya que es sumamente tranquilizador saber que el propio proector ejerce de filtro de aire, cuando respiramos, evitando que ese aire llegue a los bronquios directamente del exterior y a la temperatura que seún sea nos podría perjudicar, además que impediría que aspirásemos impurezas del propio ambiente, el cual no siempre es tan limpio como sería deseable. El protector se debe considerar una pieza más de nuestra ropa interior, por el carácter permanente que tiene su uso.

La clase de protector más aconsejable consiste en una prenda confeccionada con una o varias capas de tela transpirable y ligera -a ser pposible de algodón mejor que de cualquier otro tipo de fibra artificial- con una rejilla de metal inoxidable sujeta a la parte interior del mismo de manera que la tela ejerza de filtro de aire y la rejilla antenga la ropa separada del orificio de la cánula, con el fin de que el mismo protector pudiera taponar el traqueostoma e impedir el paso del aire a los pulmones cuando respiramos con fuerza.

También, porque un protector bien colocado nos permite usar ropa de cuello cerrado incluso camisa con corbata y jersey de cuello alto igual a la qe usábamos antes de ser laringectomizados, quizá que haya que adaptar la medida de los cuellos a una medida inferior a la de antes, pero nada más. Noobstante, es comprensible qe al principio sea algo engorroso ter que desabotonarnos la camisa cada vez que nos hayamos de limpiar el moco, pero también es cierto que a medida que nos vamos adaptando a llevar la cánula la necesidad de limpiarnos es mucho menos frecuente. Y si como suele ocurrir, cada vez con un criterio más generalizado, nuestro médico determina que podemos prescindir de llevar la cánula puesta, nos sentiremos mucho más cómodos aunque sólo sea por el hecho de desprenderse de un cuerpo extraño en una zona tan sensible como es el interior de la tráquea.

Las cánulas traqueales suelen ser perfectamente adaptables al traqueostoma, sin que molesten lo más mínimo. Lo que sucede es que psicológicamente nos vemos muy aliviados, cuando no tenemos que ocuparnos de quitarlas y ponerlas cada vez que se hayan de limpiar, con el consiguiente trabajo que requiere mantenerlas en un estado de conservación idóneo.

Pero esto no tiene mayor importancia de la que quiera dársele, ya que con ellas o sin ellas, si vamos correctamente protegidos, no existe ningún problema ni mtivo de preocupación porque, una vez acostumbrados a llevarlas puestas, ni se nota.

Convalecer de una enfermedad que, a pesar de estar completamente curados, nos marca con la crueldad que lo hace ésta, puede parecer difícil. Pensar que el resto de nuestros días habremos de respirar por el orificio que nos queda en la parte anterior del cuello es algo desesperante. De ahí que la confusión sea el signo más generalizado entre los recién laringectomizados. Confusión que suele ir desapareciendo conforme vamos recuperando las energías y vemos que existe la posibilidad de volver a desenvolvernos con menos dificultad.

Generalmente la recomendación del médico suele ser que tratemos de hacer una vida normal e intentemos apender a hablar lo antes posible. No obstante, es él quien con su autoridad profesional nos aconseja que durante este período convaleciente, hagamos bondad respecto de ciertos hábitos o vicios que pudieran perjudicarnos. Por ejemplo: no excedernos en esfuerzos con el fin de evitar todo cansancio físico, mantener un régimen alimenticio equilibrado para no perder peso ni engordar demasiado y tratar de dormir y descansar las horas convenientes. Los cambios bruscos de temperatura, corrientes directas de aire y todo lo que pudiera ser causa de procesos catarrales en general son también perjudiciales y se han de intentar evitar. No sólo nos perjudica por todo lo uque significa contraer una enfermedad muy común a todos, sin porque nosotros tenemos el problema de la tos y la expectoración que pueda provocarnos, ya que nos afecta de manera más engorrosa que a los no laringectomizados.

El período convaleciente suele ser corto porque en muy contados casos nuestro organismo queda tan debilitado como para necesitar convalecer muchotiempo. Es decir, que al ser un problema con una carga psicológica tan fuerte por no poder hablar, es conveniente iniciar la rehabilitación de la voz lo antes posible. La convalecencia del laringectomizado consiste en volver a reintegrarnos poco a poco en actividades que nos permitan distraer nuestra atención hacia objetivos optimistas y nos permitan abandonar recelos de desconfianza, muy frecuentes en nuestro caso. Desconfianza que viene dada por los escasos estímulos rehabilitadores de que somos objeto los laringectomizados. Debe ser que la importancia de curar una enfermedad tan delicada haya restado interés a las huellas que nos deja de por vida. De ahí que muchas personas laringectomizadas se resignen a convivir con sus limitaciones -que no es poco- pero sin intentar vencerlas.
CATEGORÍAS:

REHABILITACIÓN

La rehabilitación de las personas laringectomizadas debe entenderse como rehabilitación integral, aunque todo se base en la recuperación de la voz para volver a expresarnos nuevamente con palabras. Integral o completa, porque sería ilógico obviar las diversas secuelas que conlleva la carencia total de voz. Por tanto, al laringectomizado en fase o período de recuperación, se le debería de asistir desde la posibilidad de alcanzar un restablecimiento total. Es decir, que para que la recuperación sea satisfactoria se habría de proceder de manera que: al tiempo que recuperamos el habla, aceptemos otras carencias o limitaciones con naturalidad y nos vayamos convenciendo de que ya no somos un enfermo si nos lo proponemos.

Pero antes de entrar en consideraciones puntuales voy a permitirme hacer una ligera reflexión acerca de la facultad de hablar y de la difícil situación en que quedamos los laringectomizados cuando perdemos la capacidad de hacerlo. Pues sabremos meor lo que queremos, si conocemos, aunque sea someramente, lo que hemos perdido.

La voz, nuestra voz laríngea o natural, puede decirse que comienza a manifestarse con nuestro primer llanto en el momento de nacer, y que de la intensidad o volumen de ese mismo llanto depende la mejor o peor impresión de vigorosidad que de nosotros reciben nuestros progenitores. Y sobre el mecanismo para la articulación del sonido que conforma la voz laríngea, parece tener fácil explicación, pues se trata del aire que al respirar se aloja en nuestros pulmones y al ser expelido fonéticamente hace vibrar las cuerdas vocales. Parece lógico que a medida que se desarrolla nuestro crecimiento aumenten nuestras energías y lo que inicialmente es un simple sonido laríngeo vaya adquiriendo volumen y claridad de tono hasta llegar a conertirse en nuestra propia voz. Con la particularidad de que estos signos suelen estar en línea con otros rasgos morfológios que en su conjunto conforman a cada persona, hasta el punto de que a poco que se nos trate, se nos conozca por el tono de voz que cada cual adquiere, y que únicamente suele diferenciarse en el volumen, fluidez o intensidad y timbre.

La voz voluminosa o fuerte, se debe al número de vibraciones que constituyen la extensión del sonido. La intensidad o fluidez depende de la presión del aire al efectuar la emisión del sonido y su autocontrol. Y el timbre o tono de voz puede muy bien distinguirse de varias formas: "voz quebrada", "aguda" y "nasal", características que en muchas personas se da una de ellas como signo más sobresaliente de la propia personalidad.

Pero ahora se trata de concentrar toda nuestra atención e interés en la posibilidd de adquirir una nueva voz, utilizando todos nuestros recursos y subordinándolos al método que conozcamos más apropiado a nuestra posibilidad de realización. Y para ello deberemos acudir a centros especializados donde personas laringectomizadas, convenientemente documentadas nos ayudarán a conseguirlo. Porque la "erigmofonía", como base fundamental de nuestra rehabilitación del habla, parece ser que no es asumida y por tanto tratada por médicos foniatas ni logopedas con tanta garantía de éxito como ocurre en los citados centros.

En lo que se refiere al período de aprendizaje de habla erigmofónica, éste suele convertirse en un curso donde la tarea es muy laboriosa y en algún momento dura, más aún cuando observamos que nuestros esfuerzos son inútiles, dado a que no aparece de forma inmediata el ansiado sonido esofágico que con tanta facilidad realiza la persona larinectomizada que nos está enseñando. Sin embargo, no hemos de desfallecer en ningún momento, ni hacer concesiones a la dificultad por imposible que parezca, porque mermaría notablemente la posibilidad de volver a hablar con nuestra propia voz. Y ello nos podría suponer caer en el aislamineto por pura comodida y pereza.

En cambio, si somos constantes y practicamos con ilusión los ejercicios más elementales desde el principio, poco habrá que nos impida alcanzar un nivel de voz bastante aceptable (incluso para muchas personas será sorprendente) y en un plazo de tiempo muy reducido. Lo más importante es no ceder a la adversisda y amparados en nuestra propia madurez podremos lograr algo que sin duda fortalecerá nuestra personalidad. Pues comunicarnos con los demás ¡con palabras! y pasar desapercibidos entre los no laringectomizados será un mérito que nadie podrá negarnos.

En lo referente al tiempo de duración de las prácticas, hasta conseguir suficiente facilidad de palabra y hacernos entender sin que sea neesario prestarnos excesiva atención, no podría establecerse un plazo de tiempo fijo, dado a que dependerá del comportamiento de cada persona respecto al interés o atención que ponga en ello. Y es que por muy a favor que se tenga todo, si no se pone voluntad ni se trabaja con verdadera ilusión, el resultado no puede ser todo lo bueno que se desearía y mucho menos inmediato. Contando también con que podría aparecer algún imprevisto desfavorable que entorpeciera la marcha del aprendizaje, retrasándolo algo más de lo que hayamos aventurado. No obstante, y si se dan las condiciones óptimas que permitan mantener un nivel de asimilación intermedio podría ser que en cuestión de semanas (de seis a ocho) se consiguiera. Y habo de "condiciones óptimas", dando por supuesto que hemos vencido la profunda conmoción psicológica que nos produjera la mudez total, a raíz de la intervención. Pero sea como fuere, unos antes y otros después, todos podremos lograrlo, y eso es lo que importa.

Sobre la calidad de voz, que sea más o menos buena, no tiene por qué guardar relación alguna con la facilidad que cada cual tenga para captar la mecánica de su articulación. Es decir, que poco habrá de preocuparnos si el ritmo de aprendizaje es algo más lento del que creamos normal, porque no siempre acaba hablando mejor quien antes lo consigue. Se sabe de casos en que fue todo lo contrario, personas que tardaron en aprender mucho más que otras, cuando lo consiguieron, lo hicieron mejor que éstas, tanto en volumen como en fluidez de sonido.

¿Que cuándo es el momento propicio para iniciar el aprendizaje y comenzar a practicar?, entiendo que si nuestro estado general es bueno y el médico no lo desaconseja -hayamos de ser objeto de tratamiento radiológico o no- podríamos empezar a partir del alta clínica. Porque en caso de que se nos trate con radioterapia lo único que podría ocurrir, cosa poco frecuente, es que haya que aplazarlo durante algún tiempo, sobre todo los ejercicios prácticos, para evitar esfuerzos innecesarios que pudiesen perjudicarnos. Es decir, que si las corrientes nos produjeran algún trastorno de carácter inflamatorio que dificulte la realización del eructo esofágico, cabría suspender las prácticas y reanudarlas cuando estemos en condiciones de continuar sin problemas. Incluso dándose alguna circunstancia de las anotadas, pocas veces representa un retraso notable. Y es que lo que influye de manera extraordinaria es la ilusión con que se ejerce esta gratificante tarea y la confianza que tengamos en que podremos llevarlo a término. Y esa ilusión y esa confianza sólo se tienen cuando no encontramos bien física y psíquicamente.

Si comprendemos que los laringectomizados deberíamos conocer el alcance de la enfermedad contraída y las probables consecuencias que nos pudiese acarrear para así poder cooperar mejor con los médicos en la aplicación del tratamiento, convendría reflexionar sobre aspectos de cada una de las situaciones en las que podríamos encontrarnos, desde la confirmación del dictamen médico, hasta estar completamente rehabilitados. Consideraciones que en todo caso responden también al interes de los propios médicos que intervienen en las diferentes etapas del período indicado y que ellos, los especialistas, no dejan de advertirnos en todo momento. Pero quizá dicho con un lenguaje más nuestro, menos técnico que el de ellos, lo entendemos mucho mejor.

Todos sabemos que cualquier operación de gargana puede ser más o menos delicada o grave según cada caso particular. En unos basta con la simple cordectomía y que consiste en extirpar una sola cuerda vocal. En este caso no suele dejar huella ni otra clase de secuelas que no sea una notable afonía, pero el órgano fonatorio sigue produciendo la voz sin dificultad. En otro caso, la operación se llama "supraglótica" porque se realiza por encima de la glotis y por tanto no suele afectar a las cuerdas vocales.

Pero si se trata de laringectomía total -como es mi caso- la intervención es mucho más mutilante y por consiguiente más delicada. De ahí que nuestra preocupación se concentre en la situación del laringectomizado total a quien además de privar o desposeer de un sentido tan importante como es el habla, se anula en gran medida el del olfato y el del gusto. Y aunque todo ello de algún modo es recuperable, no cabe duda de que la situación es mucho más complicada.

La abertura quirúrgica de la tráquea, situada en la parte anterior dl cuello, llamada "traqueostoma" sabemos que es el orificio por donde respiramos ahora y se ha de tratar de mantener muy aseado y libre de todo aquello que pudiera entorpecer la entrada o salida del aire de los pulmones. Para que dicha abertura no se cierre, se utiliza la cánula traqueal, que consiste en un pequeño tubo curvado adecuadamente y abierto por ambos extremos.

Las cánulas más usuales son las de traqueotomia para intervenciones de laringe (generalmente de alpaca o de plata) y otras más funcionales de plástico para cuando se aplica radioterapia en alguna modalidad.

Otra de las cosas que debe preocuparnos a los laringetomizados es el moco cuando éste es abundante y entorpece la respiración. El "como" al ser una sustancia semisólida y viscosa, sirve para recoger cualquier impureza del aire que respiramos antes de que se aloje en los pulmones. A veces, se nos forma un tapón de moco en la tráquea a causa de la retención del mismo, generalmente por sequedad en las vías respiratorias. Sobre todo cuando nos desenvolvemos en ambientes muy secos o contraemos algún catarro de los que producen espasmos en forma de tos seca y no se expectora con facilidad.

En ocasiones, no es que sea muy frecuente, se podría producir alguna pequeña hemorragia por el estoma o al expulsar las secreciones pectorales aparcer señales sanguíneas más o menos evidentes. Y si esto ocurre, aunque casi nunca es grave, debemos consultar al médico inmediatamente. La prudencia en estos casos nunca sería excesiva, ya que todo ello forma parte de la información que el médico necesita cada vez que debemos acudir a él para efectos de control.

CATEGORÍAS:

LA VOZ ERIGMOFÓNICA

La otra voz, la voz erigmofónica con la que nos proponemos reemplazar a la que perdimos, se obtiene fácilmente partiendo de la realización del eructo esofágico. Es decir, que aunque el eructo esté considerado como una acción fisiolóica irrespetuosa y evitable, parece ser el ejercicio con el que más posibilidades tendremos para iniciar con éxito el aprendizaje de este nuevo modo de hablar. Y eso es así hasta el punto de conocer a laringectomizados que tienen facilidad para eructar que, sin apenas ayuda de nadie, han conseguido una voz muy buena.

Desafortunadamente, n todas las personas estamos predispuestas para realizar el eructo fácil tal como desearíamos pero, en nuestro caso, podemos recurrir a la ayuda del agua gaseada y, a través de pequeños sorbos, es posible lograrlo sin demasiada dificultad. Y una vez conseguido el eructo en calidad suficiente, podremos realizarlo sin ningún tipo de líquido gaseado.

Sobre la sensación que nos pudiera producir el hecho de tener que eructar para poder hablar sin laringe, debo insistir en que ha de preocuparnos poco, puesto que tal sensación desaparece en cuanto aprendemos a controlarlo. Y desaparece ese sentimiento de indelicadeza porque la bola de aire que genera el eructo esofágico se mueve entre la parte posterior de la lengua y la boca del esófago, sin que necesariamente haya de ingerirse el aire para realizarlo. Por tanto, el ruido profundo y casi siempre desarticulado que pudiera producir dicho eructo, con ejercicios adecuados se reduce a una simple ronquera.

Podremos comenzar a realizar las prácticas de bla erigmofónica a partir del alta médica, si no es el propio médico quien lo desaconseja y, si esto no ocurre, seremos nosotros mismos quienes veremos cuándo estamos en disposición de iniciarlas. Sin olvidarnos, como ya se ha apuntado, que no hay que tener excesiva prisa, porque no por empezar antes se acaba haciendo mejor. Y si se nos ha practicado vaciamiento ganglionar cervical en uno o ambos lados del cuello, para flexibilizar los músculos afectados, conviene alternar las prácticas de la voz erigmofónica con unos ejercicios iguales a los indicados más adelante. Ejercicios que pueden llevarse a cabo en casa, sin que sea necesario -menos aún imprescindible- la presencia del fisioterapeuta. Pero, eso sí, siempre realizados con cierta constancia y sobre todo con mucha prudencia.

Es éste un tipo de gimnasia que habrá de realizarse de forma lenta, para que no se produzca ningún tirón muscular y sin prolongarla dmasiado para no cansarse. Sin embargo, sí conviene tomárselo como una obligación diaria, hasta lograr dirigir la mirada a ambos lados del cuerpo. Las lesiones o desgarros de los tejidos afectados aún están en período de cicatrización y podría resultar doloroso efectuar algún que otro movimiento si el ejercicio no es correcto.

EJERCICIOS DE REHABILITACIÓN (físicos) - pendiente scanner dibujos

Para llevar a la práctica la rehabilitación integral que se pretende, nada mejor que seguir las pautas que se indican.

Al iniciar los ejercicios prácticos de habla erigmofónica, antes conviene asegurarnos de la absoluta independencia que existe entre aire de la respiración pulmonar o normal y el que habremos de utilizar para que se produzca la nueva voz. La respiración normal se efectúa a través del traqueostoma u orificio de la parte anteior del cuello y el sonido de esta nueva voz aparecerá por la boca igual que antes de la laringectomía. Y para comprobar la independencia del aire de ambos soplos (traqueal o pulmonar y bucal) haremos un globo con ambos carrillos maneniendo la boca cerrada y veremos que se puede respirar sin ninguna dificultad y sin alterar para nada este tipo de ejercicio.

Tiene mucha importancia conocer bien este dato, dado que la voz erigmofónica debe producirse al margen de la respiración. Es decir, que la respiración normal tiene que quedar bloqueada al tiempo de intentar la realización del eructo, y es que el sonido no sería correcto si no contenemos la respiración en el momento de su ejecución. Quizá sea éste el ejercicio que ofrezca mayor dificultad a la hora de iniciar el aprendizaje, pero tampoco hay que dar demasiada importancia, ya que captarlo convenientemente dependerá de la mejor o peor disposición en que iniciemos el ejercicio a realizar. Y nuestra disposición será óptima si previamente respiramos en profundidad -aspirar y espirar a modo de suspiro- un par de veces o más y notaremos una sensación de tranquilidad muy relajante y positiva, lo que nos permitirá llevar a cabo la articulación de los sonidos con menor dificultad.

Al principio el sonido erigmofónico (la nueva voz), aparecerá con más claridad y potencia si nos apoyamos en las voces o signos del alfabeto:

"P", "T" y "C" delante de "a", "o" y "u"

Y es que anteponiendo una de estas consonantes a cada una de las cinco vocales, obtendremos el tono exacto de cda una de éstas, ya que intentar hacer sonar una vocal, sea cual sea, sería mucho más trabajoso.

Sin que haya aún un sistema de aprendizaje al que poder calificar como el mejor, la experiencia que se tiene nos invita a seguir las reglas que se apuntan en los ejemplos siguientes basados en el método de F.L. Huche (La Voz sin Laringe) que suele ser el más utilizado. No obstante me extenderé en alguno de estos ejercicios a fin de incitar a realizarlos a quienes por desánimo u otras causas no estén en disposición de ampliarlos a voluntad.

Ejemplo número 1

(P)
pa, pa, pa, pa, pa, ...
pe, pe, pe, pe, pe, ...
pi, pi, pi, pi, pi, ...
po, po, po, po, po, ...
pu, pu, pu, pu, pu, ...

Ejemplo número 2
(T)
ta, ta, ta, ta, ta, ...
te, te, te, te, te, ...
ti, ti, ti, ti, ti, ...
to, to, to, to, to, ...
tu, tu, tu, tu, tu, ...

Ejemplo número 3
(C)
ca, ca, ca, ca, ca, ...
co, co, co, co, co, ...
cu, cu, cu, cu, cu, ...
que, ki, ...

(P)
pra, pre, pri, pro, pru.
pla, ple, pli, plo, plu.
pas, pes, pis, pos, pus.

(T)
tra, tre, tri, tro, tru.
tal, tel, til, tol, tul.
tas, tes, tis, tos, tus.

(C y Q)
cra, cre, cri, cro, cru.
cla, cle, cli, clo, clu.
cal, que, quis, cos, cus.

Aprovechamos los sonidos que hemos logrado emitir en el ejercicio anterior, he aquí unas cuantas palabras que podremos articular fácilmente:

(P)
pa-ta, pe-ca, pi-to, po-ca, pu-pa, par-tir, pes-car, pi-tón, pos-tal, pul-cro,...

(T)
ta-pa, te-ka, ti-po, to-ca, tu-pé, tar-tas, ter-cos, tic-tac, tor-pes, tru-car,...

(C)
ca-pa, co-pa, cu-po,...
car-tas, cres-pón, com-pás, cul-tos,...

Añadiremos a este ejercicio un grupo de palabras multisílabas de las que tampoco tiene gran dificultad su articulación.

(P)
pa-ten-tar, pres-cin-dir, ...
pro-tes-tar, pru-den-te, ...
plan-tea-mien-to, ...

(T)
tra-tan-te, tras-plan-tar, ...
tri-tu-rar, trom-pe-tas, ...
tru-cu-len-tos, ...

(C)
ca-pi-tal, cos-tum-bre, ...
cuar-te-to, cru-ce-ta, ...
con-tra-tis-tas, ...

Antes de ampliar estos ejercicios, conviene repasar el alfabeto completo, de la letra A a la letra Z para acostumbrarnos a darle a cada una de ellas el sonido o tono que corresponda. Con ello podremos cubrir el número de palabras que nos lleva a una dicción correcta.

No nos debe importar, si convertimos este ejercicio en uno de los más repetidos, ya que un buen resultado podría ser el revulsivo imprescindible para alcanzar un nivel de habla muy aceptable.

A (a) - B (be) - C (ce) - D (de) - E (e) - F (efe) - G (ge) - H (hache) - I (i) - J (jota) - K (ka) - L (ele) - M (eme) - O (o) - P (pe) - R (erre) - S (ese) - T (te) - Z (ceta), ...

Alternando las prácticas con la lectura del alfabeto, he aquí un grupo de palabras con cada una de las consonantes más usuales como letra inicial.

"B" y "V"
ba-ta, bo-te, bul-to, bu-que, ...
va-ca, vo-to, vi-tal, vo-tar, ...
ban-que-te, ba-ra-to, bu-ta-ca, ...
va-can-te, ven-tis-ca, vo-lá-til, ...

"C" y "Q"
ca-va, car-ta, cor-te, cos-ta, ...
cur-so,col-mo, cur-tir, ...
que-dar, que-ja, que-bran-to, ...
quí-mi-co, quin-ca-lla, ...

"CH" y "D"
cha-cal, cha-flán, cho-que, ...
chu-lo, chu-ta, ...
da-to, de-ber, del-ta, dis-co, ...
do-te, du-ar, dor-mir, ...

"F" y "G"
fa-ma, fa-se, fa-tal, fe-to, ...
fes-tín, fo-ca, fro-tar, fus-te, ...
ga-bán, gar-bo, Ger-mán, gol-fo, ...
gri-to, gus-to, gru-ta, ...

"J" y "K"
ja-ca, ja-bón, jar-ca, jer-ga, ...
ji-ta, jor-nal, jo-ta, jun-ta, ...
jus-to, ju-ga-da, ju-rar, ...
kai-ser, ki-lo, ...

"L" y "M"
la-ca, la-bor, la-ta, las-tre, ...
le-tra, len-to, lis-ta, lo-te, ...
lus-tre, llan-to, ...
mar-ca, mez-cla, me-tal, mul-ta, ...

"P" y "R"
Pa-co, pas-ta, pe-to, pes-ca, ...
piz-ca, pres-tar, por-tal, ...
pur-ga, pul-po, ...
ra-to, ras-pa, res-ta, rit-mo, ...

"S" y "T"
sal-ta, so-pa, sim-ple, sur-te, ...
sas-tre, sies-ta, som-bra, ...
tas-ca, ter-co, tem-plo, tru-co, ...
tor-pe, tris-te, tron-co, ...

"Z"
zan-co, zar-pa, zo-rro, zo-na, ...
zar-za, zur-cir, zum-bar, ...

Este ejercicio puede ser ampliado, utilizando números y formando cifras.

Ejemplo:
Tres (3)
Cuatro (4)
Cinco (5)
Treinta (30)
Cuarenta (40)
Cincuenta (50)
Treinta y tres (33)
Cuarenta y cuatro (44)
Cincuenta y cinco (55)
Ciento treinta (130)
Ciento cuarenta (140)
Ciento cincuenta (150)
Trescientos (300)
Cuatrocientos (400)
Quinientos (500)

Si nos anima practicar en esta línea, podemos seguir y utilizar el resto de números a voluntad. A medida que vamos adquiriendo práctica en lo esencial de la voz esofágica, como es el sonido erigmofónico, nos será más fácil ir montando alguna que otra frase que contenga palabras de las que venimos aprendiendo a articular. Es decir, palabras que contengan mayoritariamente consonantes oclusivas cerradas para dar mayor fuerza al sonido.

Al mismo tiempo, esas mismas frases nos servirán para expresarnos cada vez con mayor fluidez. Porque se nosllega a entender muy bien, cuando las palabras son articuladas correctamente, aunque sea alternándolas con la respiración de una en una. Pero lo que sorprende a los no laringectomizados es que, sin laringe y respirando por el traqueostoma, podamos mantener una conversación fluida casi como ellos. De ahí qe convenga practicar con ejercicios que nos permitan adquirir el mayor dominio posible en el modo de expresarnos. Y para ello es bueno repetir frenta al espejo frases como las que a continuación se anotan.

- ¿Qué tal?
- ¿Te cuesta tanto?
- Total, ¿para qué?
- Como tú quieras
- Te pasará pronto
- Ten calma
- Siéntate y ponte cómodo
- No tengas tanta prisa
- Procura practicar tranquilo
- Tienes que confiar en tus propias posibilidades
- Trata de comunicarte con naturalidad
- Cuando no te comprendan debes tener calma
- Cuesta adaptarse, pero no tanto como puede parecer
- No te rindas que vencerás
- Quiero participar
- Tienes la cuarta parte
- Rompes todo lo que pillas
- Corta la tarta en tres trozos
- Si tienes prisa vete
- La culpa puede ser de todos
- Sabes que mi casa es tuya
- Puedes quedarte si quieres
- Aquí se cena muy tarde
- Si tienes todo preparado, ¿a qué esperas?
- Te quejas sin motivo ¿por qué eres así?
- Por lo que veo tienes muchos amigos, ¿te das cuenta?
- ¿Dónde vas tan pronto? Aquí se abre más tarde
- Si vas al campo, ¿por qué no te pones la cazadora de piel?
- ¿Te gusta la comida que hemos preparado?, al hacerla se ha pensado en tí.

Todos los ejercicios prácticos señalados en esta parte del libro son fácilmente ampliables, por parte del propio practicante, en la medida en que éste vaya progresando. Cada uno de los apuntes que contiene están orientados de manera progresiva, con el fin de que sirvan de base al recién laringectomizado y pueda apoyarse en ellos desde el momento que decida iniciarse en el nuevo modo de hablar, aunque no necesariamente haya de ceñirse a su estricta literalidad. Cada cual las podrá ir acomodando a sus gustos y maneras de expresarse, aunque sería interesante que todas las frases que se elaboren para pronunciar frente al espejo, digan algo positivo. Es decir, que le recuerde las muchas posibilidades que se tiene para superarse y por tanto le anime a seguir insistiendo.

He aquí unos apuntes sobre cómo podemos orientar este ejercicio:

- La propia necesidad de hablar justifica el esfuerzo que estamos llevando a cabo
- Por difícil que parezca, en la práctica no lo es tanto
- Con ilusión y fuerza e voluntad, se consigue muy buen nivel de voz
- Son pocas las cosas importantes que se consiguen sin esfuerzo
- Los éxitos casi nunca son fruto de la casualidad y por tanto gratuitos
- Será el propio trabajo quien se encargue de probar nuestra capacidad
- Sólo quien sea pesimista se expone a quedar aislado dentro de su entorno
- Rehuir a la recuperación del habla significa renunciar a casi todo lo demás
- Son muchos los laringectomizados que dearrollan una vida activa total.
- Sin tuviera que cambiar de ocupación no pasaría absolutamente nada
- Cualquier trabajo puede ser bueno, si se realiza con agrado
- Lo peor sería ceder al desánimo, por dudar de nuestras posibilidades

Ampliando este ejercicio señalaré algunas de las preguntas que suele hacérsenos junto a la rspuesta que podríamos dar a cada una de ellas. Preguntas y respuestas que dadas en voz alta y frente al espejo, igual a los ejercicios anteriores, nos serviran para estar seguros de que nuestro comportamiento expresivo llega a ser totalmente correcto.

P. ¿Qué tal, cómo estás?
R. Por ahora, bastante bien, no puedo quejarme

P. ¿Te fatigas si hablas mucho?
R. Poco a poco me voy adaptando y cada dia noto que me canso menos

P. ¿Tardaste mucho tiempo en hacerte entender con tu nueva voz?
R. No sabría decir cuánto, ya que no siempre la voz es igual de clara, ni todo el mundo presta la misma atención

P. ¿Tú crees que todos los laringectomizados pueden alcanzar el mismo nivel de voz?
R. Si no se dan otros problemas, añadidos a la simple laringectomía, todos podemos alcanzar un nivel muy similar

P. ¿Se conoce otro método de aprendizaje, que no sea el que se sustenta del eructo esofágico?
R. Cuando no se colocaningún tipo de prótesis fonatoria, todaví ano se conoce otro sistema mejor

P. ¿No será que tu optimismo es exagerado y ello te hace ver todo más fácil de lo que es en realidad?
R. Yo creo que hay que tener confianza en sí mismo, lo que hace que seamos optimistas. En nuestro caso el optimismo nunca es exagerado

P. ¿Es cierto que con la operación se pierde el sentido del olfato y el gusto?
R. El olfato si queda muy limitado, pero el gusto no suele resentirse, si no es por efecto de las corrientes o radiaciones de cobaltoterapia

P. Observo que a vosotros, los laringectomizados se os habla fuerte como si tuviérais mermada la capacidad de oído ¿es eso así?
R. No, lo que ocurre es que muchos, por simple ignorancia, asocian nuestra dificultad del habla con el oído y de ahí que se nos hable levantando la voz más de lo corriente, incluso se expresen con gestos e insinuaciones exageradas

P. La clase médica y centros de salud ¿reconocen vuestra neesidad rehabilitadora y os da algún tipo de asistencia?
R. Esa necesidad de rehabilitarnos la reconoce todo el mundo, pero la asistencia que se nos presta es aún muy escasa. De ahí que nos hayamos ido agrupando en asociaciones para ayudarnos unos a otros
CATEGORÍAS:

REINTEGRACIÓN

Alcanzado ya un nivel de voz aceptable, cuando vemos que han desaparecido las mayores dificultades y creemos estar en condiciones de reitegrarnos a nuestras actividades, debemos hacerlo sin reparar demasiado en las limitaciones que nos marca la laringectomía. La decisión de volver a estar nuevamente en activo, intentando demostrar que podemos participar de nuestros compromisos sociales, familiares, profesionales... igual que cualquier persona no laringectomizada, es una decisión a la que no podemos renunciar bajo ningún pretexto, a no ser que haya una causa muy justificada. Si era la carencia del habla lo que nos mantuvo inactivo durante el período de curación de la enfermedad y recuperación posterior, no tiene ninguna explicación que pudiendo hablar mantuviésemos esa misma actitud. Además, comprobaremos que todo el mundo nos prestará la atención necesaria para que no haya ningún problema de comunicación.

Nuestra voz, por bien que hayamos aprendido a articular las palabras, no deja de tener una mediana calidad de tono y un volumen más bien bajo, aunque se nos podrá entender y oír perfectamente. Pero habremos de evitar, en lo posible, ambientes ruidosos para que nuestra voz no quede demasiado menguada y se nos oiga con dificultad, así como advertir a las personas que acostumbran a expresarse en un tono de voz alto, que lo hagan en tono moderado con el fin de que nuestra voz alcance el mayor equilibrio posible entre las demás personas. Cuando los laringectomizados, recuperamos la voz nueva, tendemos a querer hablar mucho, porque creemos que si nos mantenemos largo rato en silencio damos sensación de incapacidad de hablar, o que nuestras posibilidades de hacerlo son bastante limitadas. Y es que durante algún tiempo mantenemos un profundo sentimiento de mudez, debido al trauma que ello nos produjo tras la intervención. Pero también sabemos que a medida que nos vamos acostumbrando a convivir con nuestras limitaciones, nuestro comportamiento se va normalizando conforme a uestra propia personalidad. Y si al mismo tiempo cuidamos de liberar nuestra imagen de algún deterioro por culpa de la transformación que se ha dado en la parte anterior del cuello, es probable que en muy poco tiempo pasemos desapercibidos entre los no laringectomizados, por lo que todo lo que hagamos para recuperar nuestro modo habitual de vid, se nos reconocerá de manera positiva.

Del afán -a veces desmedido- por querer hablar siempre, debemos controlarnos y escuchar a los otros con la misma atención que se nos presta a nosotros y sin perder la confianza en poder intervenir cuando sea menester. Confianza que será cada día mayor si no abandonamos la práctica diaria, en la forma en que lo vngamos realizando para perfeccionar cada vez más nuestra voz, y sirviéndonos de los mismos ejercicios que nos posibilitaron el aprendizaje.

Psicológicamente, necesitamos que se den circunstancias favorables que nos permitan llegar al convencimiento de que la enfermedad y todo lo referente a ella comienza a ser una etapa felizmente concluida, recordada preferentemente en sus aspectos más optimistas, ya que aún habrá gente que nos siga mirando como a un enfermo. Gente que saldrá de us error cuando compruebe que nuestro comportamiento es el de cualquier otra persona sana aunque con una voz diferente.

Y en lo referente a la importancia de ofrecer una buena imagen, debo decir que es de lo más gratificante ver que la gente nos mira con la misma naturalidad con que se mira a los demás. Incluso hay quien se dirige a nosotros y nos pregunta algo sin saber que somos laringectomizados, pero al oír nuestra voz no disimula su alegría de ver que nos ha entendido perfectamente. De ahí que debe insistir en que si vamos protegidos correctamente, sin que la ropa entorpezca la respiración, podremos usar vestidos de cuello cerrado. Somos muchos los que nos hemos acostumbrado a llevar camisa y corbata o jersey de cuello alto y no tenemos ningún tipo de problema, ni siquiera en verano. Con que al ropa sea la adecuada a cada época del año es suficiente.

Sobre aquellos otros aspectos que debemos cuidar, recordaré y marcaré algunos de los que ocnsidero más comunes a cualquier persona pero con una significación añadida para el laringectomizado, como son:

a. Para los que conducimos coche conviene usar cánulas de plástico y no de metal ante lo que pudiera ocurrir en caso de accidente. Llevar el cinturón de seguridad adaptado para que no presione la parte superior del tórax, ya que un simple frenazo realizado con cierta brusquedad podría hacernos mucho dañ. Además que el cinturón sobre el traueostoma, o próximo a él, es un obstáculo para respirar con comodidad.

b. Si vivimos en el campo habitualmente, o participamos de excursiones con grupos de gente más o menos numerosos (a poder ser nunca solos) no resulta nada engorroso llevar en el bolsillo un pequeño silbato, con el fin de llamar la atención en caso de extraviarnos o encontrarnos en situación apurada. Hacer sonar el silbato es fácil y las personas que nos acompañen, advertidas de ello, podrán acudir a nuestra llamada y auxiliarnos si fuese necesario. Para personas que no logran soplar con fuerza suficiente, existen los aparatos de señales y de alarma que se pueden encontrar en tiendas de ortopedia y establecimientos especializados.

c. No es imprescindible, pero sí conveniente, llevar consigo un espejito de bolsillo para vernos bien en caso de tener alguna molestia en la zona protegida del cuello.

d. Por considerar más higiénica la utilización de pañuelitos de papel de un solo uso, conviene ir provisto de ellos para limpiarnos el moco que fluya por el traqueostoma y no tener que utilizar el pañuelo de tela. En el cuarto de baño, en la mesita de noche, en el bolsillo, no debe faltar este detalle.

Respecto al modelo de cánula que le conviene será su médico quien deba decidir cuál de estos materiales es el más adecuado: plata, teflón o silicona.
CATEGORÍAS:

CONSEJOS

Si tienes alguna afección en la dentadura, no demores la visita al odontólogo

Generalmente, los trastornos dentarios, obedecen a diversas enfermedades conocidas como estomatitis, piorrea, avitaminosis. Las piezas dentarias cariadas se han de vigilar celosamente, porque puede ser un síntoma de trastornos posteriores.

Estas anomalías se pueden remediar fácilmente, si acudes al especialista. No obstante, y como medida preventiva, debes acentuar el aseo bucal.

No te conviene estar muchas horas sin hablar, salvo las que destines al descanso

Conviene que pronuncies algunas palabras con frecuencia. Notarás que te interesa repetir las que ya pronuncias con facilidad, sin preocuparte mucho de las dificultades que tengas para pronunciar otras.

Debes resumir las frases y simplificarás tu forma de expresión

Se pueden compendiar las frases sin que pierdan el sentido de dicción. Tú sabes que, en circunstancias normales, utilizamos palabras innecesarias.

Si utilizas un modo de hablar reposado, te harás entender mucho mejor

Aunque te cueste aceptarlo, debes "masticar" las palabras calmosamente, deletrearás con claridad y puedes alcanzar un nivel de habla bastante aceptable.

Ruega a tus contertulios que no eleven mucho el tono de voz, cuando converses con ellos

Lo entenderán perfectamente, y notarán que es bueno el equilibrio entre sus voces y la tuya. Así no tendrán que prestar especial atención para oírte.

No te deje dominar por situaciones de tensión nerviosa

Tú mismo te puedes "traicionar" si no eres capaz de dominarte. Trata de aceptar las circunstancias con resignación, para que no deterioren tu estado anímico.

No te consideres inútil porque haya personas que les cueste mucho entenderte

Te convencerás que, en algunos casos, el problema es de ellas por falta de asimiento o afecto. Ignoran que tu voz puede llegar a ser clara igual a la suya.

Ante todo debes documentarte bien, antes de salir del Centro Clínico u Hospital donde te hayan operado, de cómo asistir tú mismo la zona afectada o lastimada así como quitar y poner las cánulas correctamente

No permitas que otra persona intervenga en el aseo del "traqueostoma" (orificio del cuello) por entender que lo haría mejor que tú.

Para limpiarte la mucosidad, mientras el médico no lo desaconseje, puedes utilizar compresas de gasa esterilizada, humedecidas con unas gotas de agua oxigenada, enjugándote después con otra bien seca

Las cánulas se deben hrvir, con agua clorada, tantas veces como te las cambies (una o más veces al día). Cualquier impureza que se aloje en el interior de la tráquea, te puede dañar gravemente.

Protégete el "traqueostoma" con rejilla de metal inoxidable y tela transpirable, que permitan el paso del aire con la mayor facilidad. La rejilla evita que la ropa tapone el orificio por donde respiras

Cuando tengas necesidad de limpiarte (sonarte) hazlo discretamente, puesto que a quienes no lo entienden muy bien, les puede resultar enojoso.

Ante cualquier duda, por insignificante que sea, consulta con tu médico

Trata de contactar con otros laringectomizados y verás que nos podemos ayudar mucho mutuamente.
CATEGORÍAS:

A LA FAMILIA

Las personas que conviven cotidiana y habitualmente con el laringectomizado, tienen que ser muy comprensivas con él y hablarle en un tono moderado (más bien bajo). Y una vez que tiene el alta clínica se le ha de dejar de tratar como a un enfermo. Si acaso con un poco de "favor", durante la convalecencia, pero sin excederse en atenciones especiales.

El laringectomizado puede valerse por sí mismo, igual que lo hiciera antes de la laringectomía y sólo en escasísimos casos necesitará el auxilio indispensable de otra persona, por tanto se ha de actuar con prudencia no sea que lo interprete como una actitud compasiva hacia él y se le esté mortificando involuntariamente.
CATEGORÍAS:

A LOS AMIGOS

Si os une verdadera amistad, debéis insistirle para que participe de vuestras reuniones y tertulias habituales aunque -al principio- lo haga sin voz. Pues la confianz que le da el no haberse separado del grupo influirá para que se distraiga de sus problemas y le ayudará a forzar su preocupación por volver a hablar pronto y recuperar su sello personal.

El laringectomizado, hasta que adquiere un tono de voz suficiente, suele tener reacciones desacostumbradas si ve que no se le entiende muy bien lo que dice. Debéis aceptarlo y responder co naturalidad para eviar un clima de tensión que os puede resultar sumamente incómodo.
CATEGORÍAS:

AL LARINGECTOMIZADO

Como al principio la carencia del habla y las dificultades que presenta el tener que respirar por el orificio del cuello suele producir un fuerte tráuma, acompañado de gran depresión anímica, conviene que no se recluya en la soledad. Debe participar del ambiente que le rodee, sin complejo de incapacitado, aunque -eso sí- consciente de sus limitaciones. Limitaciones que ha de aceptar resignadamente hasta que recupere la voz y se adapte a la nueva situación.

No debe demorar la asistencia a un centro de rehabilitación especializado y verá qué pronto se recupera totalmente.
CATEGORÍAS: